El comienzo del ciclo electoral argentino, que culminará con la elección presidencial del 27 de octubre próximo—y tendrá en agosto las primarias—, se parece muy poco al que imaginara el presidente Mauricio Macri cuando llegó al poder en diciembre de 2015 con un ambicioso proyecto de “cambio cultural”.
Macri presentó entonces a su gabinete ministerial como “el mejor equipo de los últimos 50 años”. Desde su campaña electoral, señaló que bajar la inflación sería muy sencillo, denunció la “pesada herencia” kirchnerista y en varios momentos de su gobierno anunció que “lo peor ya pasó”. Al mismo tiempo, en el discurso macrista resonaban los tópicos sobre la decadencia nacional que algunos asocian directamente con el peronismo.
No obstante, luego de casi un mandato “liberal”, encabezado por la coalición Cambiemos, el país se enfrenta nuevamente a sus viejos problemas: alta inflación, falta de dólares, recesión, empeoramiento de sus indicadores sociales, rescate, supervisión y condicionamientos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y, sobre todo, incertidumbre sobre el futuro.