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Pacto Global para las Migraciones: abandonar la hipocresía y escuchar al Sur

La insistencia en la idea de soberanía y control fronterizo no ha producido más que segregación y violencia. Ha llegado el momento de un cambio de paradigma. English

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  Los delegados estatales en las Naciones Unidas inician las negociaciones sobre el Pacto Mundial para las Migraciones (martes 20 de febrero de 2018, ciudad de Nueva York). Fotografía cortesía de CELS.

La primera ronda de negociaciones del Pacto Global para las Migraciones se realizó la semana pasada en Nueva York. A la par, los Estados empezaron a discutir un Pacto Global para los Refugiados, que tiene como objetivo darle mayor efectividad a los Convenios de Ginebra de 1951 y sus protocolos. Ambos procesos responden a un compromiso asumido por los Estados miembros de Naciones Unidas en la Declaración de Nueva York de 2016 y representan una inmensa oportunidad para que la comunidad internacional responda a los desafíos de la movilidad humana en el siglo XXI.

De estos dos procesos paralelos, el Pacto Global para las Migraciones es sin lugar a dudas la principal novedad política. El tema de los refugiados cuenta, desde los años 50, con normas claras y una estructura institucional específica –el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR)–, para la protección de las personas en movilidad por razones de persecución cultural, étnica, política o social. Pero el compromiso político con las demás formas de movilidad internacional históricamente se ha destacado por su ausencia.