
Foto: Óscar Pérez.
Este artículo es producto de la alianza entre ¡Pacifista! y Democracia Abierta.
Cuando el presidente Richard Nixon declaró enemigo público número uno de Estados Unidos a las drogas en 1971, en Colombia el tema iba demasiado lejos. Los tiempos de la bonanza marimbera crecieron tanto como los de la cocaína y ya se desplegaba a lo largo y ancho del país un poderoso negocio ilegal alrededor de los narcóticos. Con tan escasa contención oficial que el Estado apenas contraatacaba con sus consabidos decretos, el más resonante de ellos, el 1188 de 1974, presentado como el primer estatuto antidrogas, con un consejo rector que a los pocos días debió admitir que únicamente por tráfico de marihuana en 1973, en el país habían sido capturados 794 hombres y mujeres, 78 de ellos extranjeros, casi todos de Estados Unidos. Los frecuentes caídos en el registro de la droga se volvieron la pieza novedosa en los periódicos, con escasas referencias a los peces gordos, pero incontables historias de mulas y enganches del narcotráfico.