Para Richard, un joven mirandino de 21 años de edad, el 2 de septiembre de 2020 significó la fecha que terminó el castigo de 67 días en aislamiento desde que decidió regresar a su país con tres amigos, con quienes estaba en la ciudad de Lima, capital de Perú, intentando comenzar una nueva vida.
Richard, nombre ficticio para proteger su identidad, ya no recuerda con exactitud qué día llegó a la ciudad de Cúcuta en Colombia, con el propósito de cruzar el Puente Internacional Simón Bolívar, en el estado Táchira, y viajar unos 1.500 kilómetros para dormir en su casa en Guarenas, estado Miranda. Lo que no olvida son los 33 días que pasó en un refugio en la población fronteriza de San Antonio del Táchira.
Regresar a su país significó para Richard estar aislado 20 días en Cúcuta, otros 33 en Táchira y los últimos 14 en Guarenas. Le hicieron siete pruebas rápidas de diagnóstico e hisopados y en todas resultó negativo a la Covid-19; sin embargo, eso no lo libró de lo que califica una detención forzosa en estos centros, a expensas de contagiarse con personas que sí estaban infectadas del virus pandémico.