Porque, parafraseando a Immanuel Kant, no hay dignidad posible sin lo público, sino sólo precio y servidumbre; si no lo puedes pagar, mala suerte, porque te van a dejar morir. Y si los que se creen amos y los ricachones, en una donación ‘caritativa’, pretenden salvarte la vida, tampoco te creas afortunado, pues vas a vivir, si por azar te salvas, con tu servidumbre redoblada y ellos con su dominación reconocida.
¿Por qué la Derecha, es decir, las fuerzas políticas que representan y defienden a la burguesía y a los estratos oligárquicos con una determinación aún mayor si cabe, está tan nerviosa y agitada (por ejemplo, en España), y por qué está tan vacilante y zigzagueante después de haberse jactado de someter, o por lo menos de chulear, al mundo (como es el caso en el Reino Unido)?
La razón estriba en que la Derecha se ha topado con un problema real, a saber, que la pandemia ha disipado repentinamente las cortinas de humo que suelen impregnar los tiempos normales, y ha obligado a prácticamente todo el mundo a ver y vivir en sus propias carnes las consecuencias mortales de la política criminal que esa misma derecha ha llevado a cabo en contra de la salud y los servicios públicos, especialmente en los últimos diez años.