
Una de las afectadas por la avalancha en el barrio de San Miguel mira desolada dos muñecas de sus hijas fallecidas en la catástrofe el pasado 1 de abril. Foto: Aitor Sáez | ¡Pacifista!
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A principios de abril, las fuertes lluvias provocaron deslizamientos de tierra e inundaciones en la región de Mocoa, Colombia. Más de 300 personas fallecieron, entre ellas 92 niñas y niños. Pero no se trata sólo del incidente provocado porun desastre natural destructivo, sino más bien de una historia que se repite por la falta de apoyo del gobierno colombiano a las regiones periféricas del país, muchas de las cuales siguen devastadas por décadas de conflicto violento. No se puede entender lo que ha sucedido en Mocoa sin relacionarlo con la violencia, la corrupción y la desigualdad. Y lo que es mucho peor: los habitantes de estas regiones parecen, en gran medida, aceptar este tipo de tragedias y toleran con fatalismo este ciclo interminable de brutalidad y abandono.