Desde hace cerca de dos meses, una grave sequía afecta al oeste de la Amazonía brasileña y llega hasta otros países sudamericanos que comparten la selva.
La crisis es más grave en el estado de Amazonas, que, aunque está sometido a una presión cada vez mayor por la deforestación ilegal, especialmente en su parte sur, sigue teniendo la mayor proporción de vegetación autóctona y cursos de agua conservados de todos los estados de Brasil.
Pero ni la resistencia de la selva ni la abundancia de agua en la Amazonía, cuya cuenca es la mayor del mundo por volumen y superficie, han podido frenar los devastadores daños causados por la actual sequía.