Brasil se ha convertido en un destino cada vez más frecuente para solicitantes de asilo de todo el mundo. Entre 2015 y 2024, el país recibió más de 454.000 solicitudes de asilo de personas provenientes de 175 países. Más del 82% fueron presentadas por ciudadanos de Venezuela, Cuba, Haití y Angola. Solo en 2024 se registraron más de 68.000 nuevas solicitudes, un 16,3% más que el año anterior.
Con la llegada de un número cada vez mayor de personas, resulta clave entender cómo – o si – los refugiados logran integrarse al tejido social y económico del país. Aunque el reconocimiento legal ha avanzado, la vida cotidiana de muchos de ellos sigue marcada por la precariedad, la informalidad y la exclusión.
La forma en que Brasil aborda la integración laboral de los refugiados revela profundas contradicciones entre los derechos reconocidos en el papel y las realidades que se viven en la cotidianeidad. Sin embargo, esta situación no es exclusiva de los refugiados: también afecta históricamente a los ciudadanos más marginados.