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Refugiados en Brasil: tejiendo resistencia colectiva donde las políticas fallan

Las políticas cada vez más hostiles significan que, más que nunca, construir solidaridad requiere creatividad y alianzas sólidas

Protesta contra el asesinato del refugiado congoleño Moise Kabagambe, de 24 años, en Sao Paulo, Brasil, en febrero de 2022
Protesta contra el asesinato del refugiado congoleño Moise Kabagambe, de 24 años, en Sao Paulo, Brasil, en febrero de 2022
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Son las diez de la mañana en el centro de São Paulo, Brasil, y una fila ya empieza a formarse frente a la organización civil Pacto pelo Direito de Migrar (Pacto por el Derecho a Migrar, PDMIG). En ella esperan hombres, mujeres y niños de Angola, Venezuela, la República Democrática del Congo, Camerún, Afganistán y muchos otros países. Cada rostro cuenta una historia: carga su propio dolor, pero también esperanza.

Para muchos, el PDMIG se ha convertido en un punto de partida, un lugar donde comenzar de nuevo. Allí, las personas comparten relatos de hambre, guerra, persecución, violencia de género o desempleo. Encuentran respuestas, apoyo y acompañamiento mientras esperan la resolución de sus solicitudes de asilo o visado. A todos los une un mismo deseo: ser reconocidos, existir legalmente en una tierra ajena para poder reconstruir sus vidas.

Un espacio seguro en un mundo hostil

Fundado en 2014 por migrantes y refugiados, el PDMIG nació con el objetivo de crear un espacio seguro y acogedor para quienes llegaban a São Paulo. Desde entonces, ofrece una amplia variedad de servicios orientados a la regularización migratoria, la integración social y el empoderamiento de las personas migrantes, tanto en el ámbito público como en el privado. Su labor destaca especialmente por acompañar a los migrantes en su inserción en el mercado laboral, un terreno lleno de obstáculos para el acceso, el reconocimiento y la inclusión.