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Los rincones sórdidos del bolsonarismo

Como cualquier secta, el bolsonarismo interpela a sus miembros a partir de sus debilidades, miedos, rencores y resentimientos

Los rincones sórdidos del bolsonarismo
El congresista electo Jean Wyllys gesticula durante una sesión para elegir al nuevo presidente de la cámara de diputados en el Congreso Nacional en Brasilia, Brasil, 13 de julio de 2016
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Tras la elección de Dilma Rousseff en 2010, la ultraderecha brasileña comenzó a adquirir nueva entidad política y espacios en la esfera pública. No por mera coincidencia fueron esas las elecciones que me otorgaron mi primer mandato como diputado federal.

Sí, Dilma Rousseff tuvo que enfrentarse a los ecos de la crisis del capitalismo financiero iniciada en 2008 en Estados Unidos -crisis que generó el movimiento "Occupy Wall Street"- y a los efectos de la llamada "Primavera Árabe" en los movimientos sociales urbanos de izquierda. Todo ello contribuyó a la erosión de su popularidad, puesta en marcha por la prensa de derechas, hegemónica y anti-Petista.

Sin embargo, Rousseff tenía un enemigo oculto -incrustado incluso en su propia base parlamentaria- que, citando el verso de Cecília Meirelles, ejercía el poder sordo de los gusanos. La extrema derecha brasileña -instalada en el Congreso Nacional con diputados electos que eran pastores de iglesias neopentecostales; miembros o ex miembros de las fuerzas de seguridad (policía y fuerzas armadas); y con el diputado Bolsonaro, nostálgico declarado de la Dictadura Militar y vinculado a las milicias urbanas- fue y sigue siendo misógina y sexista. Por ello, no toleró a la presidenta y vio en su género la "debilidad" ideal para asestarle un golpe.