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La sociedad se desmorona, el futuro está en el aire

Ahora es el momento de las ideas radicalmente nuevas para transformar la sociedad - antes de que sea demasiado tarde.

La sociedad se desmorona, el futuro está en el aire
Pixabay/TheDigitalArtist. Pixabay licence.
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De todo el bombardeo de noticias terribles que nos ha venido encima desde la quema del Amazonas, quizás la más inquietante fue la oferta de 22 millones de dólares que hizo el presidente de Francia Emmanuel Macron y otros líderes del G7 para ayudar a Brasil a luchar contra los incendios. ¿Por qué? La respuesta a esta pregunta puede ayudarnos a perfilar y precisar los verdaderos cambios estructurales que son necesarios para evitar el colapso de la civilización.

Los científicos han advertido que, de mantenerse el ritmo actual de deforestación, el Amazonas se acercará peligrosamente - se está acercando ya - a un escenario de extinción, tras el cual desaparecerá para siempre y quedará convertido en una sabana. Aparte del hecho de que ésta sería la mayor catástrofe ecológica causada por el hombre en toda la historia, lo que haría sería acelerar todavía más el cataclismo climático, ya que uno de los grandes sumideros de carbono del mundo se convertiría de repente en un importante emisor de carbono cuyos efectos de retroalimentación nos acercarían cada vez a los pronósticos climáticos más pesimistas y, en última instancia, amenazaría la continuidad de nuestra civilización.

Macron y los otros líderes mundiales que se reunieron a finales de agosto en Biarritz están perfectamente al tanto de todo ello. Y, sin embargo, ante este desastre inminente, estos supuestos líderes del mundo libre, que representan conjuntamente más de la mitad de la riqueza económica de la humanidad, ofrecieron unos míseros 22 millones de dólares - menos de lo que los estadounidenses gastan en un solo día en palomitas de maíz. Para poner esto en contexto, cabe señalar que los subsidios mundiales a los combustibles fósiles (aportados en gran parte por los miembros del G7) suman aproximadamente 5.2 billones de dólares anuales, más de doscientas mil veces la cantidad que se ofreció a Brasil para ayudar a luchar contra los incendios del Amazonas.