Ecuador vive otro terremoto de envergadura. Pero esta vez no es un violento movimiento sísmico, si no un estallido social violentamente reprimido.
El país está atravesando por la ola de protestas más intensa de los últimos 12 años. La situación de protesta masiva en las calles ha alcanzado tal nivel de tensión que el presidente Lenín Moreno trasladó (aunque solo momentáneamente, para regresar esta semana) la sede del gobierno de la capital Quito a la ciudad de Guayaquil, protegida por un solo puente de acceso, fácil de controlar.
Ante la ola imparable de movilización social, Moreno ha adoptado el estado de excepción durante 60 días, y decretó el estado de sitio en Quito durante la huelga general de estos dos últimos días.