Horas después de asumir la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que tituló “Defender a las mujeres del extremismo de la ideología de género y restaurar la verdad biológica en el gobierno federal”, luego de haber azuzado el sentimiento anti-trans durante la campaña electoral.
La orden establece que para esta administración “la política de Estados Unidos reconoce dos sexos, masculino y femenino. Estos sexos no son modificables y están cimentados en una realidad fundamental e incontrovertible”.
La reacción de las organizaciones LGBTIQ fue de consternación y temor. Citada por el Detroit Free Press, Rachel Crannell-Crocker, una mujer trans, dijo que Trump “quiere decir que no somos reales”, mientras el joven trans y esgrimista Bobbie Hirsch expresó: “Tengo miedo, mucho miedo por mi futuro”. Kimberly Frost, codirectora de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA World, por su acrónimo en inglés), advirtió que el presidente está “alentado por los movimientos antigénero” para “utilizar las vidas de las personas trans como armas para sembrar divisiones en la sociedad. Nuestras comunidades merecen algo mejor”.