Si en el pasado distintos presidentes de Estados Unidos apelaban a la expansión de la libertad y la defensa de la democracia para justificar el apoyo a dictadores, el bombardeo de territorios lejanos y la invasión de países, la administración actual ni siquiera ha recurrido a ese tipo de excusas.
La semana pasada, fuerzas de seguridad estadounidenses secuestraron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa de un complejo en Caracas y los presentaron ante un tribunal de Manhattan acusados de narcotráfico.
Sin embargo, en entrevistas posteriores con varios medios estadounidenses, el presidente Donald Trump dejó claro que el motivo de esta acción militar, probablemente ilegal, era apropiarse de las vastas reservas petroleras de Venezuela.