La semana pasada, varios titulares en distintas cabeceras colombianas (El Tiempo, Vanguardia, El País), advirtieron sobre la aparición de una enfermedad aún no bien identificada que habría matado a cinco niños en una comunidad indígena del departamento del Chocó, en la costa del Pacífico en Colombia. Desde entonces, el ministerio de salud confirmó las muertes en un Tweet, pero todo volvió a enfocarse en el coronavirus.
El último niño que murió tenía apenas un año y medio, y todos pertenecían a la comunidad indígena wounaan del Bajo Baudó colombiano. 185 menores están siendo atendidos en una comunidad de apenas 1.500 habitantes, y nadie puede confirmar la causa u origen de esta infección. Con cuadros de diarrea, vómito, complicaciones respiratorias y fiebre, esta posible epidemia no guardaría semejanzas con el coronavirus que está afectando a China, y que ahora se expande por todas partes.
El coronavirus ya ha dejado más de 630 muertes alrededor del mundo, y aumentando. Ha sido declarado emergencia internacional por la OMS y la ciudad de Wuhan en China, foco de la epidemia, reaccionó tarde para aislarlo, aunque construyó un hospital con 1.000 camas en 10 días, cuya letalidad todavía se desconoce en su verdadera dimensión.