La Convención sobre Refugiados de la ONU ocupa una posición cada vez más marginal respecto a la manera en que se protege a los refugiados alrededor del mundo. Yo opino que esto es algo malo: para los refugiados y para los Estados.
Al presentar el borrador de la Convención sobre los Refugiados, hace unos 65 años, el primer secretario general de la ONU explicó que “[e]sta fase... se caracterizará por el hecho de que los refugiados llevarán una vida independiente en los países que los alojaron. A excepción de los casos ‘extremos’, los refugiados ya no serán mantenidos por una organización internacional como lo son actualmente. Se integrarán al sistema económico de los países de asilo y ellos mismos cubrirán sus propias necesidades y las de sus familias”.
Sin embargo, hoy en día, y a pesar de que 148 países se han unido a la Convención sobre los Refugiados, la realidad es todo lo contrario. A la mayoría de los refugiados actualmente no se les permite vivir vidas independientes. A la mayoría de los refugiados sí los mantiene una organización internacional. Y a la mayoría de los refugiados definitivamente no se les permite satisfacer sus propias necesidades.