Hace seis años que Nancy Baladán sube a su moto y recorre calles, avenidas y rutas de Uruguay en busca de respuestas sobre la noche que alteró su vida para siempre.
El 3 de diciembre de 2016, su hija Milagros Cuello ya estaba en la cama, lista para dormir, cuando cerca de las 11 de la noche recibió una llamada al celular. Algo le dijeron que la hizo levantarse, vestirse y convencer a su padre de que la dejara salir. “Voy y vuelvo en cinco minutos”, le dijo la adolescente de 16 años y se fue a pie hacia la plaza principal de Pando, a menos de un kilómetro de distancia.
Esos minutos se transformaron en horas. Y luego en semanas, meses y años. La familia nunca volvió a ver a Milagros.