
Activistas protestando contra las muertes de 43 personas en enfrentamientos con la policía durante semanas de manifestaciones contra el gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro. Caracas, 17 de mayo. VWPics / SIPA USA / PA Images. Todos los derechos reservados.
Francesc Badia: El deterioro acelerado de la situación en Venezuela preocupa al mundo. Asistimos a una polarización política extrema, pero lo importante es saber qué esperanza queda de encontrar un terreno común, para preparar una salida a esta situación insostenible, ya sea a través de una transición ordenada, de un calendario electoral pactado, de una solución que nos dé esperanza en estos momentos difíciles. La economía se hundió…
Orlando Ochoa: sí. Más allá de la forma que pueda tomar una salida política, (un cronograma electoral, una renuncia del presidente Maduro, una transición acordada para terminar su periodo, lo que sea), no podemos cerrar ninguna puerta. Vivimos un periodo de deterioro económico muy acelerado en los últimos cuatro años, pero particularmente en los últimos tres años. No solamente la caída del Producto Interno Bruto, total y por habitante, donde pasamos de una caída de entre el 4 y el 7%, en 2014 y 2015, según la medición oficial – aunque las cifras son poco fiables, porque las estadísticas han sido influidas por criterios políticos en el directorio del Banco Central –a una caída el año pasado (2016), según las cifras proveídas por el propio banco central extraoficialmente, de entre el 18 y el 21%, lo cual acumula en tres años una caída de al menos 30% del PIB. Ese tipo de colapsos solamente se observan en un país en guerra, y en el caso de Venezuela ocurre, no porque haya una guerra económica, sino porque ocurren dos cosas, para simplificar. Una: es un proceso de inflación disparada, que ya pasó a cientos por ciento (nuevamente la verificación de las cifras es problemática), pero las estimaciones van desde quinientos y tantos porciento hasta ochocientos por ciento el año pasado, con ajustes salariales por decreto presidencial que van rezagados, y que en el mejor de los casos pueden llegar a menos de la mitad. Por lo tanto hay un empobrecimiento, básicamente por caída del poder adquisitivo. Pero además, por el lado de la oferta, la industria y la agricultura venezolanas no reciben insumos importados, ni los de las empresas básicas estatales; no reciben equipos porque no hay divisas para ello. Y no hay divisas porque hay un control de cambios, porque ha caído el precio y el volumen de la exportación petrolera agotaron las reservas internacionales y porque las actividades exportadoras distintas al petróleo fueron desapareciendo debido a las distorsiones económicas y a las expropiaciones del gobierno de Hugo Chávez.