Como todos los venezolanos y venezolanas, he estado pegada al teléfono siguiendo el momento que atraviesa nuestro país y tratando de darle algún sentido a la situación surrealista de ver a mi país bombardeado por fuerzas estadounidenses y a un dictador de años removido casi en tiempo real.
Todo ha ocurrido a una velocidad que roza lo irreal. Pero tan increíbles y perturbadores como han sido los hechos en sí, lo que más me ha inquietado es la rapidez con la que dejamos de ser siquiera el sujeto de la historia.
Casi de inmediato, la cobertura mediática se desplazó hacia otro lugar: abstracciones sobre poder y soberanía, derecho internacional, petróleo, precedentes y geopolítica.