El 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, era mi cumpleaños. Mientras escribía en mi escritorio en Uganda, una catarata de mensajes de fabricantes de todo tipo de productos llegaba a mi bandeja de entrada. “Te deseamos un feliz cumpleaños/día de la mujer. Aquí tienes un descuento”.
Este reconocimiento de mi existencia destinado a vender más es una triste forma de celebrar un cumpleaños, pero es especialmente mortificante en lo que respecta al Día Internacional de la Mujer. Estas festividades capitalistas del 8 de Marzo han disociado de tal modo el día de la mujer de sus orígenes radicales que intentar recuperar el espíritu socialista de esta fecha es como convocar a los muertos.
En 1910, Clara Zetkin propuso en Copenhague la idea del Día Internacional de la Mujer a más de 100 mujeres representantes de sindicatos, partidos socialistas y clubes de trabajadoras de 17 países. Fue la segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras. Sería un día, dijo Zetkin, para que las mujeres de todos los países “presionen por sus demandas”. La conferencia aprobó por unanimidad su propuesta.