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BTS en Español

La política de los números: el Índice Global de esclavitud y el mercado del activismo

El Índice global de esclavitud presenta graves errores de tipo metodológico, sin embargo, sigue siendo citado de manera amplia y frecuente sin cuestionamiento crítico. ¿Qué hay tras la producción y el uso de datos estadísticos altamente sospechosos? English

Delta employees protest human trafficking. Delta News Hub/Flickr. CC (by)

En noviembre de 2014, la fundación Walk Free lanzó la segunda edición de su documento emblema El Índice global de esclavitud. En el comunicado de prensa de su lanzamiento se declaraba que este índice era «la medida más precisa y exhaustiva del alcance y los riesgos de la esclavitud moderna», basándose en una «metodología mejorada» que incluía encuestas de muestreo aleatorio en 19 países. Este énfasis en las metodologías fue significativo porque el índice inaugural del año 2013 había sido criticado repetidamente por utilizar datos poco fiables, incompletos e inadecuados. A pesar de que se concentraron en mejorar la metodología, la segunda versión del índice también atrajo críticas constantes. Una de las objeciones más incisivas vino de parte de Anne Gallagher, quien denunció que el índice contenía «graves errores de hecho y lógica».

Aunque la fundación Walk Free no estaría necesariamente de acuerdo con estos argumentos, han reconocido que el índice tiene varias limitaciones. Estos problemas no son exclusivos del índice de esclavitud, sino que también se aplican en las estimaciones mundiales de esclavitud y trata de personas en términos generales. No es nuestra intención reexaminar estas cuestiones específicas respecto a la metodología. Lo que nos interesa saber es la razón por la cual las organizaciones no gubernamentales (ONG) como Walk Free continúan produciendo informes estadísticos que ellos mismos reconocen como altamente sospechosos, y por qué razón terceras partes continúan reproduciendo estos datos estadísticos a pesar de ser conscientes de lo mismo.

El Índice Global de Esclavitud, la evaluación comparativa global y la política de los números

Para ayudar a responder a esta pregunta, primero debemos considerar el contexto más amplio. El Índice Global de Esclavitud no es una innovación, sino que puede entenderse mejor como la extensión de un formato bien establecido a un nuevo tema. En las últimas dos décadas, ha habido un auge significativo en la predominancia de las evaluaciones comparativas a nivel nacional, regional y mundial, tales como índices y clasificaciones. Algunos ejemplos notables de una tendencia mucho mayor incluyen el Índice de estados frágiles / fallidos (Fondo para la Paz, desde 2005), el Índice de Percepción de la corrupción (Transparencia Internacional, 1995), el Índice de rendimiento del cambio climático, (Germanwatch & Climate Action Network Europe, 2006), y el informe más venerable, Libertad en el mundo (Freedom House, 1972). En este artículo en particular nos ocupamos de las ONG, pero es importante señalar que este fenómeno también involucra a los gobiernos (por ej. Informe sobre la trata de personas, 2001), organizaciones internacionales (Índice de desarrollo humano, 1990), y corporaciones (Grupo PRS, 1979).

El Índice global de esclavitud se adhiere estrechamente a las estrategias y convenciones ya establecidas. Los fenómenos sociales, económicos y políticos complejos -como la estabilidad estatal y la discriminación- son fácilmente accesibles y mundialmente mensurables a través de la simplificación radical y el cálculo aproximado. Las características cualitativas se transforman en datos numéricos, que luego se comparan y evalúan en términos de órdenes de magnitud. Los conceptos que se caracterizan por ser complicados y controvertidoscomo la esclavitud—adquieren un significado concreto y no problemático, que se supone que puede ser aplicable de forma universal, independientemente del contexto cultural. Después de convertir crudamente el mundo social a valores numéricos, el Índice global de esclavitud asigna una clasificación a los países, siendo el uno el peor y el 167 el mejor. Estas clasificaciones se organizan posteriormente en tablas, tanto mundiales como regionales y también se pueden encontrar en los «mapas de calor», en los que se asigna a los países tonos verdes, amarillos y rojos según su clasificación.

Heat maps and ranking tables from the Walk Free Foundation's Global Slavery Index 2014. Fair Use.

Además de tratar de medir la prevalencia, el índice de 2014 asigna a los gobiernos una calificación que se basa en su desempeño en la lucha contra la esclavitud (es decir, AAA, AA, A, BBB, etc.) y utiliza una escala compuesta para tratar de medir la vulnerabilidad (de uno a 100). Tanto aquí, como en otros lugares, el Índice global de esclavitud presenta los hallazgos de manera similar a otros «referentes» que también utilizan sistemáticamente clasificaciones, mapas de calor, grados y baremos. Siguiendo con las convenciones, Walk Free hace referencia más extensa a la lista de los «top ten» (diez primeros), que es una estrategia popular utilizada para llamar la atención sobre los «mejores» o «peores» artistas. En un mundo en el que las listas de clasificación de los colegios y otros parámetros de medición se han generalizado, la idea de clasificar los países según su rendimiento es un concepto con el que ya estamos familiarizados.

Los números son fundamentales para el atractivo político de la evaluación comparativa a nivel mundial. A diferencia de las palabras, que requieren interpretación, los argumentos numéricos son ampliamente difundidos con el fin de encapsular hechos objetivos. Tendemos a centrarnos exclusivamente en ciertos argumentos numéricos que crean un «efecto de anclaje» al establecer «atajos informativos» de gran repercusión mediática que consecuentemente condicionan la forma de abordar ciertos temas. Tomemos por ejemplo, la afirmación aún popular, —aunque también altamente especulativa— de que hay 27 millones de personas esclavas en el mundo actualmente. Esto se publicó por primera vez a fines de la década de 1990, y luego se asumió para siempre como un «hecho real» mediante la repetición pública. Cabe destacar también, la capacidad que tienen los números, de presentar la información en un formato de fácil acceso para audiencias poco expertas, las cuales podrían de otro modo verse abrumadas con detalles contextuales. El complejo trasfondo de cómo ciertos números se producen de forma sistemática se pierde una vez que estos números son de dominio público.

El índice global de esclavitud, el reconocimiento de marcas y el mercado del activismo

Las propiedades políticas de los números han contribuido a su creciente demanda. Esta demanda proviene del periodismo, la política, los equipos gestores, activistas y muchas otras personas. Cuando hay una gran demanda, es muy probable que la oferta aumente. Es dentro de este gran contexto que la evaluación comparativa se ha convertido en una estrategia generalizada entre las ONG. Gracias a la notable proliferación de las ONG desde la década de 1970, las personas activistas se han visto cada vez más obligadas a competir con sus pares para conseguir audiencia, alianzas e inversiones. La evaluación comparativa puede ser utilizada de varias formas dentro de este mercado tan competitivo. Especialmente, la evaluación comparativa puede ayudar a defender que determinada causa merece atención, a elevar el perfil de la organización involucrada y a promover su propia visión de lo que «la causa» es. Al reconocer que algunas «organizaciones pioneras» como Freedom House han mejorado su perfil y reputación, ciertas ONG como Walk Free han recurrido a la evaluación comparativa para ayudar a construir su propia marca, y promover sus propias ideas de cómo deben entenderse la esclavitud y la trata de personas.

Cualquier persona que trabaje en temas de esclavitud y trata de personas puede afirmar que la cantidad de ONG enfocadas en este tema ha crecido enormemente en poco tiempo. Dentro de este mercado saturado, el Índice global de esclavitud impulsa la marca Walk Free en varios frentes. En primer lugar, evidentemente, el índice ayuda a desarrollar su propia imagen pública. Las evaluaciones comparativas son como hierba gatera para la prensa, por lo tanto publicar una evaluación comparativa atrae enormemente la atención de los medios, ya sea por la causa o por la organización que produce la evaluación comparativa. Además, las evaluaciones comparativas también ofrecen una plataforma útil para conseguir el aval y el apoyo de la gente rica y poderosa (el Índice global de esclavitud ha sido respaldado por Hillary Clinton, Tony Blair, Gordon Brown, Julia Gillard, Bill Gates, Richard Branson y Mo Ibrahim, entre otros).

En segundo lugar, las evaluaciones comparativas han demostrado ser una herramienta efectiva a la hora de obtener una reputación de reconocida experiencia y credibilidad, que puede estar justificada o no. En el caso del Índice global de esclavitud, Walk Free ha tratado de reforzar sus credenciales incorporando a Kevin Bales, quien es conocido por dar la cifra de 27 millones de personas esclavas mencionada anteriormente. Finalmente, las evaluaciones comparativas también han demostrado ser populares entre las personas que proveen los fondos, y las ONG se han vuelto expertas en averiguar lo que estas personas buscan y en adaptar debidamente algunas de sus actividades (esto probablemente es una preocupación menor para Walk Free, que cuenta con financiamiento privado). Gracias en parte a la revolución digital de las últimas dos décadas, las evaluaciones comparativas también se han vuelto relativamente baratas además de fáciles de producir y difundir. No es necesario tener años de experiencia en el sector ni conocimiento de los idiomas locales. Lo que se requiere principalmente es la capacidad de compilar diferentes clases de datos secundarios, lo que a su vez implica agregar información de una evaluación comparativa con el fin de crear otra.

El costo de la simplificación radical

La fundación Walk Free es consciente de que el Índice global de esclavitud tiene un fundamento muy frágil, pero ha determinado que las ventajas de tener una evaluación comparativa para la esclavitud superan cualquier posible costo o complicación. La mayoría de las terceras partes que usan el índice tienen el mismo principio. Como hemos demostrado, las principales ventajas relacionadas con tener un índice de esclavitud son las ventajas políticas y organizacionales, más que las analíticas. Si bien las evaluaciones comparativas son útiles para incrementar el reconocimiento de una marca y dar publicidad, este éxito recurre al atractivo general de los «atajos informativos» que eluden cualquier clase de temas esenciales.

No es posible tener un índice global de esclavitud sin simplificar antes fenómenos bastante complejos y concretos a valores numéricos y tablas estadísticas que son fácilmente comparables y de fácil acceso. Como consecuencia de este proceso de simplificación radical se pierde la profundidad temática y una gran cantidad de detalle. Mientras tanto, los datos incompletos y poco fiables adquieren una condición de "hechos reales" que en realidad no merecen. Este es el nivel de detalle imprescindible para formular y aplicar soluciones políticas efectivas. Además, la evaluación comparativa también tiende a asignar la responsabilidad de "éxito" y "fracaso" a cada país, y por lo tanto no logran involucrarse con las formas de dependencia recíproca entre diferentes partes del mundo. Tal como Siobhán Mcgrath y Fabiola Mieres han argumentado, el sistema de clasificación que utiliza el Índice global de esclavitud «implica que la culpa por las penurias de la ciudadanía se debe atribuir directamente a los gobiernos de los países menos desarrollados », y a su vez asigna el papel de «salvadores» a los países más «desarrollados» y «civilizados».

Si bien, Walk Free y otras ONG son conscientes de algunos de estos problemas, son reacias a hablar sobre sus ramificaciones generales. Esto podría terminar arrojando dudas sobre sus hallazgos estadísticos (tal vez la esclavitud no es tan grave como lo reportaron), su visión de «la causa» (tal vez la esclavitud no es el mejor marco de referencia) y/o su organización (tal vez Walk Free no tiene la experiencia que proclama tener). Esto contribuye a crear un entorno en el que existe una gran renuencia a cuestionar seriamente los «hechos reales» estadísticos basados en fundamentos débiles, y que a su vez ofrecen una base ineficaz —o contraproducente— - para la consideración de intervenciones políticas más efectivas.

El Índice global de esclavitud es una gran herramienta publicitaria, pero no es muy efectivo a la hora de ofrecer el nivel de análisis matizado que se requiere para dirigir el entendimiento o la política. Aquí se ha producido una disyuntiva entre el aspecto político y el analítico, y esto se debe reconocer públicamente. Con frecuencia, la simplificación radical se produce a expensas del entendimiento del contexto.


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters

About the authors

Joel Quirk is Professor in Political Studies at the University of the Witwatersrand, South Africa. His research focuses upon slavery and abolition, human mobility and human rights, repairing historical wrongs, and the history and politics of sub-Saharan Africa. Joel is currently a member of the International Scientific Committee of the UNESCO Slave Route Project, where he serves as Rapporteur. Your can follow him on twitter at @joelquirk.

André Broome is Associate Professor of International Political Economy in the Department of Politics and International Studies at the University of Warwick. His research focuses on the architecture and practice of global governance and the politics of knowledge, and his recent book publications include Seeing Like an International Organisation, Global Governance in Crisis, and Issues and Actors in the Global Political Economy.

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