Chatbots que ofrecen personajes o juegos de rol con categorías como “violación”, “violencia doméstica”, “loli” o “incesto”, que simulan burdeles con niñas menores de 15 años, o que envían mensajes sexuales no solicitados y ejercen conductas coercitivas o de captación.
Acompañantes de inteligencia artificial (IA) que ofrecen drogas, alientan a los menores a ocultar a los padres sus interacciones – a veces con amenazas de violencia –, y se presentan como personas reales, generando dinámicas de apego emocional con niños, niñas y adolescentes, y manipulándolos.
No es una distopía, es el presente.