En la edición de esta semana:
- Dos pasos adelante y dos para atrás: Nuevo libro revela cómo la disputa por el aborto en Brasil es una danza inmóvil
- Chatbots y herramientas digitales refuerzan las redes de apoyo al aborto en América Latina
- Las feministas de Gambia le ganaron a la mutilación genital femenina y tienen una lección para enseñarnos
Hola. Esta semana celebramos el 28 de mayo, Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, una fecha impulsada en 1987 por la histórica Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe.
Hay algo muy potente en la capacidad del activismo de esta región para marcar el camino al resto del mundo. También fueron las latinoamericanas las que inventaron el Día Internacional por el Aborto Seguro, el 28 de septiembre de 1990.
Y fueron latinoamericanas – brasileñas, más precisamente – las primeras en probar un fármaco, desarrollado para problemas digestivos, que resultó efectivo y seguro para interrumpir embarazos. El misoprostol, hoy considerado medicamento esencial por la OMS, fue un regalo de autonomía y salud para millones de mujeres y niñas enfrentadas a la clandestinidad, la negación de atención, el riesgo de muerte y el estigma.
Con todo ese bagaje, las redes feministas llegan hoy a los rincones más impensados y están creando nuevas formas de solidaridad, echando mano a chatbots y otras herramientas digitales para acompañar a quienes necesitan información, anticonceptivos o abortos, nos cuenta esta semana Angelina de los Santos.
El mes que viene se publica el libro Coreografia da escolha: A disputa pelo aborto no Brasil, de las periodistas Angela Boldrini y Carolina Moraes. Fue una alegría poder traducir y publicar, en exclusiva, un fragmento de esta obra que indaga en en la historia política y social que sigue limitando la autonomía reproductiva en el país más poblado de América Latina. Como aluden las autoras en el título, la lucha por el derecho al aborto en Brasil se parece al samba no pé, mucho movimiento, pero siempre en la misma baldosa.
Las luchadoras que lograron frenar la legalización de la mutilación genital femenina en un pequeño país de África Occidental, Gambia, tienen una lección: los avances legales no aseguran por sí mismos el progreso social, pueden ser incluso contraproducentes. Nadie lo cuenta mejor que la feminista Isatou Touray.
Una vez más, gracias por leernos. Si te gustó esta newsletter, compartila con tus amigos y amigas. Hasta la semana que viene.
Diana Cariboni, Editora de América Latina




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