democraciaAbierta: Investigation

"Día y noche se nos va la esperanza de la vida," Óscar Montero, líder social colombiano

Ya no tengo más lágrimas para llorar, que la sangre derramada sea suficiente para buscar la dignidad en Colombia. ¡O despertamos o nos siguen MATANDO! Qué estas lágrimas sean ríos de fuerza para la Vida.

Óscar Montero de la Rosa
27 August 2020
Indígenas Nasa masacrados en el Valle del Cauca, 2019.
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Foto: Óscar Montero

Día y noche se nos va la esperanza de la Vida, aun así, estamos convencidos de que nuestras luchas, reivindicaciones y resistencias deben seguir por esos que se llevó la mala muerte, por los que estamos sobreviviendo y por los que vienen como esa semilla de la vida y de la fuerza para continuar el legado.

Colombia, en los últimos meses y en medio de la pandemia, ha experimentado en el tiempo mismo de la “implementación del Acuerdo Final de Paz” su situación más crítica en términos humanitarios. Masacres, desplazamientos, atentados y una férrea intención de justificar la violencia por parte del gobierno, son el pan de cada día. El estigma es el mismo de siempre: “por algo fue”, “incumplieron la cuarentena”, “ajuste de cuentas”, e incluso los más atrevidos dicen: “eran jóvenes guerrilleros”. Ni aún muertos se nos respeta el buen nombre y la dignidad.

Ha sido tanta la violencia que hemos vivido en el país, que tristemente perdimos la empatía, la solidaridad y la humanidad con el otro; parece que hasta que no nos toque a nosotros, no dejaremos de naturalizar la matanza en la que estamos sumidos.

En este momento (25 de agosto de 2020, horas de la noche), cuando escribo estas letras de llamado para que el Mundo nos escuche y nos ayude, nos enteramos de una nueva masacre, una en el Catatumbo, allá en la frontera con Venezuela en los departamentos de Santander y Norte de Santander, se hallan 3 jóvenes asesinados. 3 más para la larga lista de MASACRADOS en el país; y sí: MASACRADOS, porque no son “homicidios colectivos” como lo ha querido justificar el gobierno del presidente Iván Duque Márquez.

Está claro que la pandemia de la violencia en el país se repite en un largo arco de espirales con patrones de exterminar, eliminar, despojar, violar y acabar. Esta expresión ha sido evidente en el último mes en Colombia, donde parece una práctica deportiva masacrar día a día, con el fin único de generar miedo y temor. En lo que va corrido del mes de agosto, ya han sido 10 las masacres perpetradas principalmente en contra de niños, jóvenes, estudiantes, indígenas, campesinos y afrodescendientes; es decir, la gente de la ruralidad, de la Colombia profunda, de la Colombia olvidada. De esa de los que piensan que matar, masacrar o desplazar no importa. Pero se equivocan porque NUESTRAS VIDAS TAMBIÉN IMPORTAN.

No son “homicidios colectivos” como lo ha querido justificar el gobierno del presidente Iván Duque Márquez.

Quiénes y dónde

El 2 de agosto, en zona rural de la Gabarra en Norte de Santander, asesinan a 6 campesinos; el 12 de agosto, en el barrio Llano Verde en la ciudad de Cali, son asesinados 5 niños afrodescendientes; el 13 de agosto 2 indígenas, un guardia y un comunicador, liberadores de la Madre Tierra en Corinto, Cauca; el 15 de agosto, en Samaniego, Nariño, asesinan a 8 estudiantes; el 18 de agosto en el Resguardo Indígena de Pialapí, Pueblo Viejo, en la comunidad del Aguacate, municipio de Ricaurte en Nariño, asesinan a 3 indígenas Awá; en el Tambo, en el departamento del Cauca, el 21 de agosto son asesinados 6 campesinos; el mismo 21 de agosto, pero en Caracol, Arauca, igualmente son asesinados 6 campesinos y el 22 de agosto en zona rural de la Guayacana, en Llorente, municipio de Tumaco, 6 campesinos e indígenas. Pero el Gobierno, como si nada, ni un pronunciamiento o llamado televisivo a cuidar o salvaguardar la vida, aún más, siendo este uno de los pilares del Estado Social de Derecho de nuestro país.

Hoy parece que somos una estadística, que a lo que pasa el tiempo en vez de restar suman, y peor aún, se multiplican. Y aunque quisiéramos que esto parara, lo cierto es que no hay garantías reales para que esto pase. Ya son 43 las masacres y 181 víctimas documentadas por organizaciones como CODHES e INDEPAZ. Es tan compleja la violencia en Colombia, que a los que lideramos nos da miedo, temor y zozobra salir, no por el virus de la Covid-19, sino por el virus de la violencia.

Permítannos VIVIR, permitan que en Colombia lleguen los tiempos de la alegría, de la esperanza; que lleguen los tiempos de una Paz completa con justicia social donde eliminemos la pobreza y la desigualdad en el país.

Finalmente, no tengo palabras para expresar que estas vidas que nos arrebataron, deben darnos la fortaleza para estar de pie, con fuerza y con dignidad en nuestra lucha y resistencia incansable por la defensa de la Vida y del Territorio. No se han ido, porque los que mueren por la vida, no pueden llamarse muertos. Que nuestros gritos nos ayuden a emprender la marcha y que nuestras voces crucen océanos, mares, ríos y montañas por la Paz de Colombia, que el mundo se entere y no sea cómplice de la barbarie que estamos viviendo.

#NoNosMasacren

Sí a la Vida, No más asesinatos en Colombia.

Aquí un relato de quien ha vivido en carne propia la violencia y de quien, al igual que las familias de estas masacres, le tocó recoger a su padre torturado y asesinado en una trocha de este país que, con toda seguridad, si no hubiera sido encontrado rápidamente, habría sido un falso positivo.

Este testimonio hace parte de la serie "Líderes sociales en peligro" de demoAbierta sobre líderes sociales, sus historias y la realidad que viven en Colombia.

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