“Fazenda Deni”, propietario: Edilson Pereira Duarte; “Fazenda Mato Grosso”, propietario: Vanderlei Martins de Oliveira. Impresos en placa metálica sobre la bandera brasileña, así rezan dos carteles, clavados en sendos árboles a ambos lados de la pista que lleva a la aldea Kapot, en la Tierra Indígena Capoto, Jarina, al norte del estado brasileño de Mato Grosso, marcando los límites de estas dos haciendas.
Con esta advertencia, los propietarios subrayan un mensaje claro: esta rica tierra de la Amazonía del Brasil es propiedad privada y sus dueños dispondrán de ella como mejor les convenga. Es decir, muy probablemente podrían deforestarla para hacer avanzar las ya gigantescas plantaciones de soja o maíz que avanzan sin freno sobre estos bosques tropicales. De hecho, basta volar un dron con cierta pericia para descubrir que una parcela del terreno ya está siendo talada.

En el estado de Mato Grosso, la soja ocupa unos 9,8 millones de hectáreas sembradas y el maíz unos 5,1 millones, una superficie que equivale a la mitad de un país como Bélgica, según los datos de 2021. Estas plantaciones, junto a los pastos para el ganado vacuno, ya rodean amenazadoramente este y otros muchos territorios indígenas en la Amazonía brasileña, en un fenómeno conocido como la “expansión de la frontera agropecuaria”.