
El presidente de Perú, Martin Vizcarra después de jurar el cargo en lima, Perú, el 23 de Marzo 2018. . Image: Xinhua/ANDINA/Andres Valle. PA Images all rights reserved
El jueves 22 de marzo el Parlamento peruano aprobó la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski, quien llevaba un año y ocho meses en la presidencia tras vencer a Keiko Fujimori - la hija y, sobre todo, heredera política del dictador Alberto Fujimori - en la segunda vuelta electoral en 2016 por apenas 41.057 votos. PPK, como conocemos los peruanos a este lobista que pasaba del mundo empresarial y financiero al Estado cual pelota de ping pong, se hizo con la presidencia más por el activo rechazo ciudadano al fujimorismo que por mérito propio.
Si bien en la última etapa de aquella campaña electoral se desmarcó del fujimorismo, una vez en el poder no dudó en arrodillarse ante éste cediéndole importantes instituciones, como la superintendencia tributaria o el Banco Central de Reserva. Nada de eso apaciguó la sed de venganza de Keiko Fujimori ni su afán por controlar el sistema de justicia para manipular las investigaciones en su contra. Sin embargo, al mismo tiempo que oficialismo y fujimorismo se lanzaban puyazos públicamente, aprobaban juntos recortes presupuestales en salud, educación e infraestructura pública. En suma, una política de ajuste a costa de los derechos ciudadanos.