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Doña Marta: 6 años apoyando caminantes venezolanos

Los migrantes venezolanos que transitan la ruta Cúcuta-Bucaramanga encuentran ahora múltiples apoyos oficiales, pero hay ciudadanos que siempre estuvieron allí

Doña Marta: 6 años apoyando caminantes venezolanos
Francesc Badia i Dalmases
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Excavada en una roca en la parte trasera de una pequeña casa a la entrada de la ciudad de Pamplona, Norte de Santander, hay una modesta cocina de leña. Sobre ella, en unas grandes ollas abiertas, doña Marta está preparando una sopa, unas papas y arroz blanco y algo de pollo, con lo que espera alcanzar a ofrecer un plato caliente a entre 50 y 100 caminantes venezolanos.

Esta cocina es ya famosa en toda la ruta que los migrantes recorren desde que logran cruzar la frontera, ya sea por las trochas ilegales que bordean el Puente Internacional Simón Bolívar, o por el mismo puente, principal paso oficial entre Venezuela y Colombia.

Una vez en la localidad de Cúcuta, los refugiados se entremezclan en un gran bazar de tráfico de personas y mercancías, muy activo desde que estalló la crisis migratoria en 2015. Desde ahí decidirán si se asientan en los barrios periféricos de la ciudad fronteriza, si compran mercancías y se regresan con la esperanza de lograr alguna ganancia, o si se aventuran a adentrarse en las frías montañas colombianas en busca de la oportunidad vital que Venezuela les niega.