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Simpatía por el diablo, en Colombia

En medio de la polarización electoral colombiana, ignoramos que quien sea presidente tendrá que generar alianzas con alguno de los lados, porque gobernar es cooperar.

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"Por favor permíteme presentarme,
soy un hombre de dinero y buen gusto,
he estado rondando por muchos años,
he robado el alma y la fe de muchos hombres…
encantado de conocerte, espero que adivines mi nombre".

Así empieza la letra de la canción que se convertiría en el símbolo de los Rolling Stones, y que los posicionaría, en los años 60, como los rebeldes de la escena musical. La misma canción, además, trascendería en el tiempo para convertirse en el que bien podría ser el himno de Colombia en la coyuntura presidencial: Sympathy for the devil (en español, Simpatía por el diablo).

Con diablo me refiero a la polarización: el fantasma que ha rondado este país por más de 100 años. Un fantasma que es hombre, porque en Colombia las mujeres no alcanzamos ni el 30 por ciento de representación en cargos de elección popular, no hemos sido presidentas y porque en esta coyuntura nos tocó casi rogar para que nos invitaran a los debates. Un diablo de buen gusto que ha logrado robarnos la fe y el alma, al punto de convertirnos en una nación de abstencionistas: más de la mitad de colombianos no salió a votar en las elecciones a Congreso.