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Muchos venezolanos creían que el 30 de julio llegaría algo parecido al fin del mundo. La elección de una Asamblea Constituyente dotada de poderes absolutos lleva más lejos las sentencias que suspendieron el proceso de referéndum revocatorio a Nicolás Maduro en octubre del año pasado, y aquella que en marzo de este año disolvía en la práctica a la Asamblea Nacional en manos de la oposición. Es decir, dotaba por la vía judicial, de todo el poder a un gobierno que venía de una abrumadora derrota electoral y que según los sondeos no está en condiciones de ganar ninguna otra elección.