Durante muchos años, los grandes financiadores extranjeros, como las fundaciones y los fondos multilaterales, fueron la única fuente de financiamiento para las organizaciones brasileñas de derechos humanos. Sin embargo, en fechas más recientes, algunos críticos, como los elementos conservadores de la sociedad y el gobierno, han cuestionado la dependencia de estos financiadores.
Revaluar los modelos de negocio y, lo más importante, diversificar las fuentes de financiamiento podrían ser las primeras medidas a tomar por las ONG de derechos humanos para obtener un apoyo legítimo para su causa. Este cambio podría generar beneficios que van más allá de la sostenibilidad financiera y reforzar un movimiento de derechos humanos brasileño que necesita fortalecerse ante el complejo panorama político actual.
Hace poco, Edwin Rekosh sostuvo que el modelo de negocio actual de los derechos humanos no está al día con las tendencias de la tecnología, la filantropía, los negocios y la sociedad. Transformar el modelo de negocio y diversificar las fuentes de financiamiento (al explorar otros medios, como las contribuciones individuales) exige que las organizaciones se reinventen a sí mismas, alejándose de los procesos y las estructuras tradicionales. Esta clase de cambio también requeriría la apertura a las nuevas tendencias digitales y de comunicación que se están volviendo esenciales para movilizar e involucrar a los ciudadanos.