La decisión del Tribunal Superior Electoral de Brasil de declarar a Jair Bolsonaro inelegible hasta 2030 garantiza que el expresidente de ultraderecha no retornará al poder en las elecciones del 2026. La decisión marca una victoria para las instituciones democráticas tras cuatro años de incesantes intentos de debilitarlas durante su gobierno.
El alejamiento de Bolsonaro del tablero político – que se deriva de acusaciones de abuso de poder político y uso indebido de los medios de comunicación para conspirar contra el sistema electoral brasileño en reunión con embajadores extranjeros acreditados en Brasilia en julio de 2022 – es un golpe duro para el bolsonarismo, pero no saca a la extrema derecha del juego.
Bolsonaro como pieza de la extrema-derecha
El movimiento ultraconservador de Brasil no surge con Bolsonaro. El proceso de polarización del país es antiguo y multifacético, pero gana fuerza en 2013 frente a la insatisfacción generalizada demostrada por la población durante las protestas masivas conocidas como “jornadas de junio”. Las manifestaciones sociales se dieron bajo la presidencia de Dilma Rousseff, representante del Partido de los Trabajadores (PT) que heredó el cargo de su mentor, Luiz Inácio Lula da Silva.