En solo siete días, el futuro político peruano entró en una nueva montaña rusa, una de las tantas desde la renuncia del ex-presidente Pedro Pablo Kuczynski y la asunción de su entonces vicepresidente Martín Vizcarra.
En contra de las expectativas generales, el ascenso al poder de Vizcarra no supuso una etapa de relaciones pacíficas entre el nuevo gobierno y la mayoría parlamentaria de entonces, en manos de Fuerza Popular, agrupación liderada por Keiko Fujimori. La paz duró solo cuatro meses.
El periodo que siguió fue el de un intenso conflicto entre el partido mayoritario en el Congreso y el presidente. En medio de los choques políticos, las investigaciones judiciales por el caso Lava Jato terminaron con Keiko Fujimori en prisión preventiva, mientras se la investigaba por el financiamiento ilegal que habría recibido de la empresa brasileña Odebrecht y algunas constructoras locales.