
Migrant domestic workers hold posters demanding the same basic labour rights as those of the Lebanese workers during a march in Beirut, Lebanon, in 2014. Hussein Malla/AP/Press Association. All rights reserved.
Muchas campañas convencionales contra la trata han logrado efectos favorables: han planteado el problema de la trata de personas a escala mundial y han ayudado a incentivar la acción nacional e internacional para la protección de las víctimas. No obstante, tienen también limitaciones graves; lo que significa que, algunas veces, sus aportes generales pueden ser poco positivos.
Principalmente, se ven limitadas por una tendencia generalizada a organizarse exclusivamente en torno al problema de la trata de personas, lo que a menudo debilita la relación entre la trata de personas y otras formas de opresión y marginación. Muchas de las campañas incorporan la idea de la trata como un problema excepcional que requiere soluciones excepcionales, en vez de una opresión sistemática que requiere soluciones sistemáticas para todas las personas trabajadoras. Además, demasiadas campañas contra la trata utilizan relatos de vulnerabilidad y victimismo para ilustrar el alcance del problema, pero no logran colaborar de manera significativa con las personas supervivientes en la creación y manejo del discurso.