Décadas de inactividad e ineficiencia en la lucha contra delitos ambientales en el Amazonas han llevado a Brasil, Colombia y Perú a tomar medidas cada vez más drásticas: desplegar tropas militares en la selva con el fin de poner freno el tráfico de madera, la minería ilegal y otras economías depredadoras.
Sin embargo, el Amazonas sigue siendo devastado a velocidades alarmantes.
Los más recientes operativos militares en estos países a duras penas han logrado marcar una diferencia significativa.