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Neoextractivismo y otros pecados capitales de la “izquierda progresista”

Este es probablemente el legado más dañino del abrazo entre la "izquierda progresista" y el neo-extractivismo: la impresión de que la ideología nominal de aquellos que disputan las elecciones no importa. English Português

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El antiguo Presidente de Brasil, Lula da Silva, discursa durante la ceremonia de entrega de unidades habitacionales del Programa de Arrendamiento Residencial y Bolsa Familia. Foto: Ricardo Stuckert / PR. Algunos derechos reservados.

En una entrevista reciente, Noam Chomsky hizo un balance de los principales aciertos y desaciertos de la llamada “izquierda progresista” en América Latina. En cuanto a los desaciertos, criticó los proyectos económicos que insirieron la región, como nunca, en las cadenas globales de producción y comercio. Dicha inserción amplió, como siempre, la posición de desventaja para América Latina, cuyas economías se convirtieron en una gran subasta de bienes primarios destinados a países industrializados del norte, China y otras potencias emergentes.  

En la línea de Chomsky, el aumento de la exportación de productos primarios generó, en un primer momento, mejores condiciones para que países como Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador y Bolivia ampliaran sus gastos en políticas sociales. Bajo este aspecto, la inversión intensiva en infraestructura y la exportación acelerada de recursos naturales permitieron remediar algunos males del prontuario neoliberal, vigente en la década de 1990. En dicho período, la pobreza y la indigencia avanzaran a un ritmo metastásico, disminuyendo solamente a partir de la década del 2000, durante el apogeo de los gobiernos de izquierda. Las siguientes cifras de CEPAL reflejan, claramente, esa tendencia: