Cada año, cientos de miles de migrantes cruzan el tapón del Darién, una franja de selva entre Centroamérica y Suramérica, en camino hacia EE. UU. Hay poca presencia estatal en la zona y los Gaitanistas, un grupo criminal narcotraficante colombiano controla las redes de tráfico de personas, mientras que bandas asaltan a los migrantes en Panamá.
Las ganancias ilícitas se disparan a medida que aumenta el flujo de migrantes, y gran parte del dinero va a parar al crimen organizado. Los esfuerzos de Colombia y Panamá para impedir el flujo de personas o debilitar el control de los grupos delictivos no han logrado hasta ahora frenar los asesinatos, violaciones y otros crímenes contra los migrantes.
Los días en que el tapón del Darién representaba una barrera significativa a la migración masiva han quedado atrás. Mayor presencia de fuerzas de seguridad, redoblar los esfuerzos para mitigar las crisis en los principales países de salida y fortalecer la asistencia humanitaria en el Darién podrían formar parte de los esfuerzos regionales para responder a la migración irregular y proteger a los más vulnerables.