Internet se ha convertido en el nuevo "espacio de la apariencia", el escenario donde se desarrollan todas las guerras y disputas ideológicas contemporáneas. Nuestro acceso cada vez más inmediato a ese espacio, su uso diario y casi constante, y su proximidad física a nuestra persona, a través de nuestras diversas pantallas, le confieren el poder de convertirse en una extensión de nuestro propio cuerpo perceptivo y cognitivo.
Pero aún no hemos sido capaces de domesticar y dominar la matriz siempre cambiante a la que hemos sido impelidos, ya que este espacio también reconfigura radicalmente las interrelaciones entre la subjetividad, la opinión pública y el poder político. De hecho, en los últimos años hemos asistido al auge de lo falso, utilizado para tribalizar y dividir a la población. El problema comienza cuando se abandonan los estándares habituales de presentar evidencias para fundamentar opiniones y afirmaciones, dando paso a narrativas simplificadas y a la propaganda click-bait, publicitada para influir y movilizar fácilmente a la población contra determinados sectores o individuos.