En la edición de esta semana:
- Mujeres indígenas del norte de Argentina ganan una batalla contra la violencia sexual y racial
- Colombia: Suba del salario y más derechos laborales explican que la izquierda aún esté en la carrera presidencial
- Cuba, entre Trump y el fin de la Revolución
- EEUU impone a Uganda un acuerdo que pone en riesgo la atención del VIH/sida y de emergencias posaborto
La palabra chineo tiene un origen incierto. Está asociado al nombre que los colonizadores y los criollos les daban a las mujeres y niñas indígenas en las pampas y selvas sudamericanas: chinas. Por extensión se llamó también así a las campesinas.
Las chinas eran parte de un paisaje a dominar y explotar. Y eso se hizo por mucho tiempo. La violencia sexual (y racial) enfocada en jovencitas y niñas indígenas pasó a nombrarse como ‘salir a chinear’ o chineo. Un lenguaje que deshumaniza.
Pero las mujeres indígenas decidieron pelear. Empezaron por llamar a las cosas por su nombre, se organizaron, se autoprotegieron y articularon una batería de medidas para exigir al Estado la erradicación del abuso sexual sistemático.
Parte de esas medidas hoy son ley en la provincia argentina de Salta. Florencia Galarza nos cuenta la historia de esa lucha.

En la última semana se habló mucho del ascenso electoral de un político extremista, violento, misógino y abogado de narcos, Abelardo de la Espriella, que competirá en segunda vuelta por la presidencia de Colombia.
Pero de lo que nadie habla es de que la izquierda, que gobierna en Colombia por primera vez, se sostuvo, y su candidato Iván Cepeda va a competir en segunda ronda, a pesar de los errores del actual presidente Gustavo Petro.
¿Cómo fue eso? El economista brasileño Pedro Rossi tiene dos respuestas: una reforma laboral que entregó derechos básicos a los trabajadores y un aumento sostenido del salario mínimo. El regreso de las políticas para la clase trabajadora.

Gobernado por Trump, Estados Unidos es sin tapujos el policía del mundo, un policía más bien matón.
Su próximo objetivo es derrocar al debilitado régimen de Cuba. La población cubana se ha quedado con casi nada. Apagones, falta de combustible y agua potable, escasez de alimentos y una censura férrea.
Por eso a Trump se le ocurrió que sería buena idea imponerle un bloqueo naval para que no le llegue siquiera un barril de petróleo, mientras negocia con el régimen algo que nadie sabe si se parecerá al protectorado impuesto en Venezuela o a la guerra desquiciada contra Irán.
En ese escenario, Rut Diamint y Laura Escudero se preguntan si hay esperanza para una democratización en Cuba y cómo podría ser ese proceso.

También en Uganda, Estados Unidos impone condiciones. Guiado por el fanatismo ultraconservador, Washington hizo firmar a Uganda un acuerdo de salud pública que está desamantelando servicios que salvan vidas.
Ejemplos: la atención de emergencias obstétricas por abortos inseguros y la prevención y el tratamiento para el VIH/sida, según la investigación de la periodista Soita Khatondi Wepukhulu. Acuerdos similares se están preparando para América Latina.

Una vez más, gracias por leernos y hasta la semana que viene.
Diana Cariboni, Editora de América Latina
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