El domingo, los colombianos acudieron a las urnas y enviaron al abogado de narcotraficantes Abelardo de la Espriella y al senador de izquierda Iván Cepeda a la segunda vuelta presidencial, que tendrá lugar el 21 de junio. De la Espriella ganó, con 43,7% de los votos, seguido por Cepeda, con el 40,9%. Pero ninguno alcanzó el 50% necesario para ser elegido en primera ronda.
El rápido ascenso de De la Espriella es la gran sorpresa de la carrera: una nueva figura de la extrema derecha latinoamericana, que combina el autoritarismo populista del presidente salvadoreño Nayib Bukele con el liberalismo económico radical del argentino Javier Milei.
Menos comentada, pero igualmente significativa, fue la recuperación política experimentada en el último año por el actual presidente Gustavo Petro, que encabeza el primer gobierno de izquierda de Colombia. Hace poco más de un año, se lo consideraba en gran medida débil y, según algunos observadores, incapaz de respaldar a un sucesor competitivo. La fuerza de la candidatura de Cepeda refleja un giro político cuyo motor central obedece a un único factor: la radicalización de la agenda económica de Colombia, el tercer país más desigual del mundo.