Viví en carne propia la violencia política de Ruanda. Cuando regresé al país en 2010, con la intención de postularme a la presidencia, me pusieron presa. Pasé ocho años en prisión, cinco de ellos en régimen de aislamiento. Hoy, ocho de mis partidarios siguen en la cárcel por comprar un libro y asistir a una sesión de formación en línea sobre la filosofía de la no violencia.
Según las organizaciones de derechos humanos, el gobierno de Ruanda ejerce habitualmente la violencia física y estructural. Los reportes con denuncias incluyen asesinatos de opositores políticos tanto dentro como fuera del país. Críticos del gobierno, YouTubers, periodistas independientes y aspirantes al poder político desaparecen por la fuerza o son encarcelados.
El uso de la violencia para acceder al poder político y mantenerse en él no es nuevo en Ruanda. La historia del país, desde la monarquía hasta la república, ha estado marcada por la violencia.