Las huellas que voy plasmando en la arena con las waireñas (cotizas o zapatos) mientras camino son parte de la memoria que tengo de mi territorio, caracterizado por los paisajes áridos, las mujeres con sus mantas coloridas, los hombres en el pastoreo de las cabras, los niños y niñas jugando con muñecos de barro, y los muchos colores que se ven desde la diversidad del desierto y la vegetación de woumainkat (nuestro territorio), La Guajira, una mezcla de magia cautivadora.
