Lo mejor que le podría pasar al activismo de derechos humanos es, supuestamente, convertirse en un solo movimiento global, con objetivos comunes. Este movimiento ideal tendría una economía interna compartida en la que las necesidades (y no las inclinaciones de los donantes o la recaudación de fondos) determinarían las prioridades y dirigirían los flujos de dinero. La dirección hacia la que viajaría el movimiento sería el resultado de una deliberación democrática. Podríamos argumentar que la realidad, o la posibilidad, de un movimiento de derechos humanos global único es una creencia central para muchos activistas de derechos humanos prominentes; que todos en los “derechos humanos” están en esto juntos, en el mismo equipo y unidos por “los valores y la causa compartidos a los que servimos”.
Aparentemente, las tecnologías móviles y las redes sociales globales proporcionan a los activistas transnacionales las herramientas necesarias para este trabajo, al prometerles una comunicación cada vez más eficaz y acciones que prescinden de las fronteras nacionales. Ahora tenemos bumeranes múltiples y redes virtuales en los que se comparte ampliamente la información y las campañas de presión provienen de fuentes al interior y el exterior del Estado. Este tipo de efecto de lazo aprieta el nudo que rodea a los gobiernos renuentes por todos lados; un avance bienvenido para mejorar los resultados de derechos humanos.
Dicha “convergencia hacia el centro global” ofrece muchas posibilidades, como reconocen otros contribuyentes a este debate, pero también supone problemas evidentes. Algunos provienen del interior del movimiento global de derechos humanos, sobre todo en lo que se refiere al financiamiento y la determinación de prioridades. Sin embargo, estas explicaciones siguen asumiendo que la frontera en sí, la distinción entre el interior y el exterior del Estado, se puede superar, y que es posible domar al Estado. Después de todo, los derechos humanos se tratan de la irrelevancia moral de esa frontera con respecto a los derechos fundamentales de una persona.