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BTS en Español

¿Por qué no sabemos si funcionan las iniciativas contra la trata?

La evaluación rigurosa en raras ocasiones beneficia a la industria contra la trata de personas y por eso es tan escasa. English

CC0 Public Domain

Más de quince años después de la aprobación del Protocolo contra la trata de personas de las Naciones Unidas, la evidencia disponible para determinar cuánto se ha avanzado en la lucha contra la trata de personas sigue siendo muy limitada. La recopilación y el análisis de datos para respaldar un enfoque basado en resultados continúan siendo subestimados a todos los niveles del trabajo contra la trata de personas. Especialmente si se compara con el uso que se hace de la retórica y la hipérbole con carga emocional.

Esta curiosa aversión a la evidencia fáctica válida afecta incluso a los análisis de mayor prestigio producidos dentro del sector. En el Informe mundial sobre la trata de personas de 2015 (TIP), el Departamento de Estado de los Estados Unidos pregonó que el progreso realizado desde que se desarrolló el Protocolo contra la trata de personas de las Naciones Unidas «no ha sido muy exhaustivo».

En letra pequeña, mucho más adelante en el informe, se afirma que los datos estadísticos clave que recopila el informe sobre la aplicación de la legislatura global todavía son «meras estimaciones». Esa circunstancia plantea dudas sobre la naturaleza empírica para hacer tal declaración.

Gran cantidad de investigaciones sustanciales y en constante aumento han demostrado de manera convincente que el sector de la lucha contra la trata de personas adolece de una falta de base empírica. Más que la naturaleza clandestina de la trata de personas, son las limitaciones en la práctica del monitoreo y la evaluación de estas iniciativas las que plantean una mayor limitación a la hora de lograr un enfoque más informado.

En este tipo de proyectos los estándares basados en evidencias son muy bajos, y tampoco existen muchos incentivos para que el equipo profesional trate de obtener información de más calidad. En lugar de fundamentarse en decisiones basadas en resultados y en lo que realmente funciona, este tipo de intervenciones siguen siendo diseñadas y financiadas, en su mayoría, a partir de las agendas políticas de las entidades donantes —e implementadas por un número desmesurado de organizaciones contra la trata de personas—. De este modo, da la impresión de que muchas de las estrategias continuarán implementándose de forma indefinida, sin tener en cuenta los resultados que produzcan.

De este modo, da la impresión de que muchas de las estrategias continuarán implementándose de forma indefinida, sin tener en cuenta los resultados que produzcan.

La experiencia personal del autor al realizar una evaluación independiente de un proyecto que abordaba la trata de personas en Tailandia, puso de relieve algunos de los desafíos que implican los intentos de utilizar la evidencia.

Después de un mes de investigación de campo mediante entrevistas a las partes interesadas en el proyecto, todos los indicios apuntaban a que la trata no era un problema significativo en una de sus dos áreas objetivo. Cuando se presentaron los hallazgos, la organización que implementó el proyecto estaba consternada de que la evaluación cuestionara el enfoque en la trata de personas en lugar de solo proporcionar recomendaciones superficiales.

El proyecto se encuentra ahora en su séptimo año de ejecución en la misma área objetivo.

Muchas organizaciones contra la trata de personas buscan en las evaluaciones independientes una aparente evaluación imparcial que fortalezca la idea de que su labor es exitosa. Las personas evaluadoras y las organizaciones que las contratan son partícipes de lo que puede describirse como una economía de mala fe. Existe un acuerdo tácito de que no se plantearán problemas serios sobre las intervenciones examinadas y, a cambio, la persona evaluadora será tenida en cuenta para tareas futuras.

La monitorización interna del progreso de los proyectos contra la trata personas puede ser una necesidad aún mayor para poder modificar la estrategia de forma habitual. Sin embargo, generalmente se restringe a la cuantificación de los resultados directos de las actividades en lugar de evaluar los resultados a largo plazo que se pretenden derivar de ellas. Esto se basa en un supuesto ampliamente aceptado: que los resultados obtenidos conducirán necesariamente a los objetivos previstos, sin necesidad de recabar pruebas de ello.

Los esfuerzos realizados para encubrir la brecha de conocimiento al exagerar enormemente lo que realmente se ha logrado mediante las iniciativas contra la trata de personas son particularmente inquietantes. La retórica parece haber aumentado mucho últimamente, con organizaciones que incluso afirman que las personas a las que atienden han sido «liberadas de la esclavitud».

Tal vez la desconexión más clara entre evidencia y práctica en los esfuerzos para contrarrestar la explotación es el continuo énfasis en mejorar la respuesta de la justicia criminal. Los resultados que se han logrado mediante la investigación y penalización de casos son muy limitados y sin embargo parece haber una obstinada falta de voluntad entre los actores contra la trata de personas para interpretar esto como un indicativo de la necesidad de desarrollar enfoques alternativos.

En general, para determinar este tipo de resultados, se miden indicadores de rendimiento, tales como el número de víctimas identificadas, las acusaciones y las condenas; datos que pueden estar sujetos a manipulación y mostrar un progreso ilusorio. En Tailandia, la ONG Empower ha documentado que antes de que se publique el informe TIP anual del Departamento de Estado de EE. UU., « cientos de personas migrantes, en su mayoría mujeres jóvenes, son arrestadas, detenidas y deportadas como víctimas de la trata de personas para demostrar que Tailandia está haciendo su labor para combatir la trata en la industria del sexo».

Aunque esto deja claro que la policía definitivamente sabe cómo hacer redadas en burdeles y salones de masajes, demuestra poco en cuanto a logros significativos en la lucha contra la trata de personas.

A menudo la cobertura de los medios alrededor de los arrestos por trata de personas y los casos judiciales es superficial y sensacionalista. Este es un factor importante para mantener dicha agenda, puesto que contribuye a una comprensión demasiado simplificada del tema como algo únicamente de origen criminal. En lugar de interesarse por los asuntos complejos e incómodos relacionados con la desigualdad estructural, las representaciones de la trata de personas en los medios tienden a enfatizar una narrativa más simple y más aceptable de víctimas y criminales.

Están empezando a surgir preguntas importantes sobre si la evidencia recopilada sobre los esfuerzos contra la trata de personas está en línea con los resultados que buscan las propias personas beneficiarias. En particular, muchas ONG han comenzado a medir sus resultados en términos de soluciones que respondan a las situaciones de explotación, como la compensación financiera, en lugar de centrarse exclusivamente en el enjuiciamiento penal y la condena a los tratantes.

Es necesario un compromiso mayor por parte de donantes y profesionales de cara a elevar el nivel establecido para la evidencia fáctica con el fin de aprovechar el aprendizaje e ir más allá de la responsabilidad básica de implementar proyectos. Esto debe incluir una mayor disposición para documentar detalladamente las intervenciones que no han logrado sus objetivos previstos.

Una versión más larga de este artículo apareció por primera vez en Anti-Trafficking Review, número 8.


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters

About the author

Benjamin Harkins is a migration and human rights specialist who has spent nearly a decade in Southeast Asia working on labour migration, human trafficking and refugee issues. He is currently a Technical Officer with the International Labour Organization’s TRIANGLE in ASEAN programme in Bangkok, Thailand.

Ben welcomes feedback in the comments below or by email at benharkins@gmail.com.

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