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Líderes latinoamericanos estilo Trump

Donald Trump se reunió con Jimmy Morales, presidente de Guatemala, en un contexto de resurgimiento mundial del populismo de extrema derecha. English

Busto de Donald Trump en el Museo de Cera de Madrid. Foto: Francisco Seco/Press Association. All rights reserved

 Donald Trump se reunió con el Presidente de Guatemala el 8 de febrero. Oficialmente, discutieron de temas como el traslado de la embajada guatemalteca a Jerusalén y de "restaurar la democracia" en Venezuela.

Un día antes de su encuentro, se informó de que Trump había ordenado a  funcionarios del Pentágono que hicieran planes para llevar a cabo un gran desfile militar. Según parece, la idea se le ocurrió la idea tras presenciar el desfile del Día de la Bastilla en Francia. Sin embargo, de seguir adelante dicho proyecto, será como si el gobierno norteamericano hubiese inadvertidamente sacado la idea del cuaderno de bitácora de Morales. De hecho, hay muchos ejemplos de curiosas coincidencias entre los gobiernos de Trump y Morales.

En octubre de 2015, cuando Morales resultó elegido, varios medios se refirieron a él como el "Trump latinoamericano". Jimmy Morales, al igual que Trump, carecía de experiencia política.

En octubre de 2015, cuando Morales resultó elegido, varios medios se refirieron a él como el "Trump latinoamericano". Jimmy Morales, al igual que Trump, carecía de experiencia política. Era un popular actor cómico televisivo cuyo sketch humorístico más famoso era el de un vaquero bobo que se convertía en presidente. Muchos opinan que otros sketches de su programa indican claramente que se trata de alguien sexista, homofóbo y racista.

Tanto Trump como Morales apelan a una base conservadora por su aversión declarada a lo políticamente correcto y por su personalidad agresiva. También por su afición a proponer medidas políticas extravagantes. Morales apoyó la absurda idea del muro fronterizo de Trump y llegó a bromear con ofrecerle mano de obra guatemalteca barata para construirlo. También se apuntó a la idea de rastrear a los maestros con dispositivos GPS para asegurarse de que acuden al trabajo.

A diferencia de Trump, Morales arrasó en las elecciones. Los votantes querían que "dirigiera el país de la misma manera que dirige sus negocios". Pero resultados aparte, sus campañas fueron muy similares. La de Morales fue una campaña bastante apolítica y anodina, centrada en la lucha contra la corrupción. No habló de "drenar el pantano", pero se jactó de que él "no era corrupto ni ladrón". Este mensaje fue lo que hizo que muchos votantes le vieran como un mal menor.

La campaña de Morales también jugó con la impopularidad de su oponente, Sandra Torres. Al igual que Hillary Clinton, Torres es una ex primera dama y ejemplo paradigmático de "la candidata del establishment". Tuvo que pasar por la formalidad de divorciarse para postularse para presidenta. Y arrastraba también un pesado bagaje de escándalos políticos del pasado.

Tras tomar posesión, la presidencia de Morales se vio envuelta en escándalos cleptocráticos. Al igual que Trump, Morales ha utilizado su cargo a beneficio propio, y aunque los gastos oficiales de Morales son insignificantes si los comparamos con los más de  6 millones de dólares de dinero de los contribuyentes que Trump se ha gastado con sus frecuentes viajes a Mar-a-Lago, lo cierto es que enojaron a mucha gente. Siendo presidente de uno de los países más pobres del mundo, los gastos de Morales ascienden a 40.000 dólares - gastos que incluyen masajes, ramos de flores, whisky y gafas de sol de diseño. Cuando se le preguntó por qué no pagó unas gafas de sol que costaban 3.000 dólares de su propio bolsillo, Morales respondió con cierta displicencia: "Porque no tengo por qué pagarlas con mi salario. Me entregaron ese par de gafas. ¿Cree usted que yo ando tras este tipo de cosas?”

Otros escándalos en los que está involucrado Morales son mucho más serios. Su hijo y su hermano están siendo juzgados por fraude y lavado de dinero. Su campaña electoral recibió 825.000 dólares de fuentes no reveladas, de las cuales se calcula que 500.000 dólares provinieron supuestamente de narcotraficantes. También recibió 62.500 dólares en "bonos" mensuales del ejército. El oficial responsable de los pagos ha sido detenido, pero Morales sigue en su cargo.

Como hizo Trump cuando despidió a James Comey, Morales intentó que el fiscal especial a cargo de las investigaciones anticorrupción, un ciudadano colombiano, fuera expulsado del país.

Como hizo Trump cuando despidió a James Comey, Morales intentó que el fiscal especial a cargo de las investigaciones anticorrupción, un ciudadano colombiano, fuera expulsado del país, a pesar de haber prometido durante la campaña extender el mandato de la comisión especial independiente respaldada por la ONU que dirigía éste hasta 2022.

El Tribunal Supremo guatemalteco revocó su decisión, pero el Congreso apoyó a Morales. Su partido político solo tiene 11 escaños en el Congreso de un total 158 pero éste, preocupado por no enajenar a la base popular del Presidente, lo mismo que el Congreso de los Estados Unidos, votó a favor de otorgarle inmunidad judicial. Fue ésta una decisión, sin embargo, teñida de interés propio, ya que más de 100 congresistas también enfrentan acusaciones de corrupción.

Morales, como Trump, salió indemne de estos escándalos. Ambos se revisten de una personalidad pública fuerte. Ninguno de los dos tiene antecedentes militares, pero ambos tienen tendencia a nombrar a ex generales del ejército para puestos de alto nivel en el gobierno.

Ahora la Fiscalía quiere llevar a juicio al ex coronel Edgar Justino Ovalle Maldonado, principal asesor de Morales y cofundador de su partido político (Frente de Convergencia Nacional - FCN), por crímenes contra la humanidad presuntamente cometidos durante la larga y sangrienta "guerra civil" del país. Maldonado, sin embargo, goza de inmunidad por ser miembro del Congreso.

Maldonado es uno de varios ex oficiales del ejército, en la actualidad miembros del FCN, sospechosos de haber cometido crímenes de guerra. El costo en vidas humanas de la "guerra civil" respaldada por Estados Unidos durante 36 años en Guatemala y que finalizó en 1996, fue de aproximadamente 200.000. Alrededor del 90% de las víctimas fueron asesinadas por fuerzas paramilitares o del gobierno y, sin embargo, a muy pocos de los implicados se les ha exigido responsabilidades, a pesar de que se considera que la "guerra civil" guatemalteca fue en realidad un genocidio (la gran mayoría de las víctimas fueron civiles indígenas).

Jimmy Morales no solo se niega a llamarla genocidio, sino que elogió el trabajo "ejemplar" que han llevado y llevan a cabo los militares durante el desfile del Día de las Fuerzas Armadas del año pasado. Cabe señalar que este desfile fue prohibido durante diez años tras la "guerra civil" como tributo de respeto a las víctimas.

Este tipo de decisiones y de retórica pueden describirse, en el mejor de los casos, como propio de sordos. En el peor de los casos, como un silbido a sus partidarios extremistas - al igual que los comentarios que hizo Trump refiriéndose a la "buena gente" a raíz de la tragedia de Charlottesville.

La mayoría de los guatemaltecos están hartos de la corrupción endémica y desenfrenada que padece el país, hoy día en gran parte como consecuencia de la guerra contra las drogas. La campaña de Morales recibió supuestamente financiación de narcotraficantes

En lo que resulta otra coincidencia terrorífica, un conductor atropelló a una multitud de manifestantes en Ciudad de Guatemala, hiriendo a varias personas, cuatro meses antes de la tragedia de Charlottesville. Volvió a suceder el mes pasado, cuando otro conductor mató a una persona que formaba parte de un grupo de manifestantes que bloqueaban una carretera y exigían la dimisión de Morales.

La mayoría de los guatemaltecos están hartos de la corrupción endémica y desenfrenada que padece el país, hoy día en gran parte como consecuencia de la guerra contra las drogas. Como ya se ha mencionado más arriba, la campaña de Morales recibió supuestamente financiación de narcotraficantes. Su predecesor en el cargo, Otto Pérez Molina, está siendo juzgado por corrupción. Y la ex vicepresidenta de Molina, Roxana Baldetti, y su ex ministro del Interior, Mauricio López Bonilla, están a la espera de juicio por aceptar sobornos de 250.000 dólares y 1.5 millones de dólares respectivamente de Los Zetas.

También el ex presidente Álvaro Colom y la mayoría de miembros de su gabinete fueron arrestados la semana pasada acusados de corrupción. Y otro ex presidente, Alfonso Portillo, ha estado cumpliendo condena en una cárcel de Estados Unidos por blanquear dinero de sobornos a través de bancos estadounidenses.

A todo esto se le debería añadir que los manifestantes se enfrentan regularmente con actuaciones violentas por parte del gobierno y que se han producido asesinatos de activistas en defensa de los Derechos Humanos. De hecho, el fiscal general del estado por los derechos humanos en Guatemala evito recientemente un intento de homicidio.

¿Cuál ha sido la respuesta del gobierno de Estados Unidos ante todo esto? Aumentar un 215% la ayuda externa a Guatemala en el primer año de mandato de Morales. Procedente principalmente del Departamento de Defensa, se trata de ayuda "antinarcóticos".

Evidentemente, el historial antinarcóticos de Guatemala es terrible, pero esta "ayuda" es, en realidad, asistencia militar. Estados Unidos entregó el mes pasado al gobierno guatemalteco 108 vehículos todoterreno blindados por valor de 6.6 millones de dólares. Cabe decir que esta ayuda militar no lleva asociada ninguna expectativa de reducción del tráfico de drogas o de la violencia relacionada con las drogas en el país. "Ayuda antinarcóticos" es el nombre en código para apoyo político a un aliado militar.

Desgraciadamente, Jimmy Morales no es ninguna anomalía en el contexto actual de resurgimiento del populismo de extrema derecha a nivel mundial. 

Desgraciadamente, Jimmy Morales no es ninguna anomalía en el contexto actual de resurgimiento del populismo de extrema derecha a nivel mundial. La retórica de este tipo de populismo atrae a ciertos segmentos de la sociedad en tiempos económicos difíciles, particularmente en países plagados por la corrupción política. Ante una masa de votantes desencantados con la política de siempre, el atractivo de nuevos actores “no políticos” es innegable.

Por ejemplo, el otrora candidato favorito en Costa Rica, Juan Diego Castro, también comparte, como Morales, algunas similitudes con Trump. Le han llamado, de hecho, "el Trump de los trópicos". Expresa abiertamente ideales autoritarios a la vez que consigue hacerse con la imagen de campeón  anticorrupción. El tema de la corrupción ha estado muy presente en Costa Rica tras verse sacudido el país por un escándalo reciente de corrupción de alto nivel, el llamado Cementazo, en el que estaban involucrados contratistas del gobierno. El mensaje económico nacionalista de Castro, "Reconstruyamos Costa Rica", también le ayudó a subir en las encuestas. Por fortuna, su progreso se ha visto truncado en la primera ronda del proceso electoral, que se celebró a principios de este mes.

En Brasil, el candidato que ocupa el segundo lugar en las encuestas de opinión, Jair Bolsonaro, se compara abiertamente con Trump.

Este mismo tipo de dinámica está claramente en juego en Brasil, donde el candidato que ocupa el segundo lugar en las encuestas de opinión, Jair Bolsonaro, se compara abiertamente con Trump. En realidad, es mucho peor. Ex oficial del ejército y siete veces congresista, Bolsonaro es un defensor descarado de la antigua dictadura militar de Brasil. De hecho, después de que una congresista describiera las violaciones, torturas y asesinatos cometidos bajo la dictadura, Bolsonaro le respondió diciendo que a ella ni siquiera valía la pena violarla. Y no se ha desdicho nunca de ello.

La lista de sus ideas altamente ofensivas es demasiado larga para ser reproducida aquí, pero es sin duda la razón por la que Glenn Greenwald ha calificado a Bolsonaro como "el representante electo más odioso y misógino del mundo democrático".

A pesar de que Brasil tiene una de las tasas más altas de violencia anti LGTBQ del mundo, es probable que pueda salir elegido presidente un candidato que ha dicho que preferiría ver morir a su hijo a aceptarlo como homosexual. Bolsonaro afirma que no hay homofobia en Brasil y que el 90% de las víctimas son asesinadas en "lugares de consumo de drogas y prostitución, o asesinadas por sus parejas".

Este tipo de percepción defectuosa, insensible e hipócrita de los crímenes de odio es en cierto modo consistente con la agenda contra el crimen de la coalición "Balas, Buey y Bíblia" que da su apoyo a Bolsonaro. Un buen ejemplo de dicha agenda es la "solución" para acabar con la violencia de las pandillas en Brasil que Bolsonaro detalló ante un grupo de inversores: a las zonas con un alto nivel de crimen se les da aviso de 6 horas y luego se entra a matar a todo lo que se mueve.

A día de hoy, las cosas están en que Bolsonaro podría ser el próximo presidente de Brasil. Por extraño que parezca, ya que se encuentra en un distante segundo lugar en las encuestas, pero el candidato en primera posición, el ex presidente Lula da Silva, no puede presentarse por haber sido condenado por corrupción. Aunque Lula está apelando la condena, que le fue impuesta por un juez cuya animadversión por Lula es abierta y notoria en base al testimonio de un informante que obtuvo una reducción de condena por su testimonio.

Por otra parte, un tercio de los electores dice que no acudirá a votar. Se trata de personas que se sienten claramente desmotivadas por la magnitud del escándalo de corrupción "Operación Lava Jato" que, con epicentro en Brasil, involucra a cientos de empresarios y políticos en toda América Latina. Será teniendo presente esto que algunos de los que sí irán a votar podrían ver a Bolsonaro como "un mal menor".

About the author

Brian Saady es el autor de The Drug War: A Trillion Dollar Con Game. Su serie de tres libros, Rackets, trata sobre la legalización de las drogas y el juego, y la despenalización de la prostitución. Puedes seguirlo en Twitter @briansaady.

Brian Saady is the author of The Drug War: A Trillion Dollar Con Game. His three-book series, Rackets, is about the legalization of drugs and gambling, and the decriminalization of prostitution. You can follow him on Twitter @briansaady.


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