
Protesta contra el fraude electoral en Tegucigalpa, diciembre 2017. © Giorgio Trucchi / Rel-UITA.
Hoy, Juan Orlando Hernández toma el juramento como presidente de Honduras con el apoyo total del presidente Trump, a pesar de que hay evidencia muy firme que indica irregularidades electorales y acusaciones de fraude en las elecciones presidenciales del noviembre pasado en Honduras. La semana pasada jóvenes y adultos hondureños se manifestaron en las calles en una huelga nacional para denunciar esta democracia falsa, determinados a liberar a su país de lo que ellos reclaman ser una dictadura de-facto. El Partido Nacional de Hernández llegó al poder en un golpe militar en 2009, y continúa su dominación violenta hoy, apoyado y financiado por los Estados Unidos.
El 17 de diciembre, la Organización de Estados Americanos (OEA) propugnó para nuevas elecciones basadas en la "extrema improbabilidad estadística" de los resultados oficiales de las elecciones. Reportaron "intrusiones humanas deliberadas en el sistema informático" y "eliminaciones intencionales de rastros digitales." Tres días antes de Navidad, la administración Trump socavó la declaración pública de la OEA, y felicitó a Hernández por su victoria, una acción que legitima y envalentona a un régimen peligroso. El presidente Trump continúa agobiar a los inmigrantes en los Estados Unidos, pero acciones como esta socavan aún más la democracia, crean violencia política y hacen más fuertes los incentivos y la presión que obligan a los migrantes a huir hacia el norte.