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Clases medias en América Latina (8). División en el voto y en las calles en Brasil

Los brasileños de ingresos medios han aportado “tropas” y legitimidad callejera a las batallas en torno a la destitución de Dilma Rousseff, tanto a favor como en contra. English

Maria Hermínia Tavares de Almeida
11 May 2016
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"Maestro de escuela: te deseo el salario de un miembro del Congreso y el prestigio social de un jugador de fútbol "(manifestación callejera, 2013)

Debido a los importantes cambios socioeconómicos verificados en las dos últimas décadas, el número de ciudadanos brasileños que disfrutan de una renta media ha aumentado considerablemente, a la par que su presencia en la vida social y en el proceso político. El auge de las denominadas "nuevas clases medias" ha sido elogiado como indicador de los esfuerzos que ha realizado el país para reducir la pobreza y las desigualdades. De hecho, en un primer momento como consumidores y luego como manifestantes y como votantes, estos grupos emergentes parecen estar adquiriendo un papel destacado en la vida social y política de Brasil, ya sea porque añaden nuevas cuestiones a la agenda política o porque redefinen los términos en los que se perciben las viejas.

Estos grupos emergentes son, sin embargo, heterogéneos en cuanto a tendencias políticas, demandas y preferencias partidistas, como se evidencia en las manifestaciones y en sus opciones electorales.

Desde junio de 2013, han sacudido Brasil enormes manifestaciones callejeras de distinta índole. En aquel momento, miles de personas salieron a las calles de las principales ciudades del país, de norte a sur, con una amplia gama de demandas y consignas. Varios grupos exigían transporte público gratuito y mejor atención hacia la salud pública y la educación; algunos apoyaban los derechos LGBT, mientras que otros mostraban su oposición a las minorías sexuales; pequeños grupos pedían un gobierno militar, mientras que los anarquistas violentos, que se hacían llamar Bloques Negros, destrozaban algunos símbolos visibles del capitalismo, como tiendas de automóviles y bancos. Todos ellos compartían la demanda de mejores servicios públicos y el rechazo hacia los políticos y los partidos políticos, a los que achacaban la mala administración de los recursos públicos y la corrupción masiva para financiar a partidos y campañas electorales, además de para llenar los bolsillos de los políticos.

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"Hay tantas cosas que están mal, que no caben en este cartel" (manifestación callejera, 2013)

Como una tormenta de verano, las manifestaciones masivas produjeron un cambio drástico en el ambiente político nacional, reduciendo los índices de aprobación de la presidenta Dilma Roussef's de cerca del 65% a un exíguo 30%, y señalando el comienzo de una agitación política que sigue evolucionando y que, probablemente, dará lugar a su eventual destitución.

Las protestas de junio 2013, a pesar de su carácter multiclase, tenían como componente principal las capas sociales de renta media. Dichas protestas fueron también la primera y la última vez que los grupos de ingresos medios se manifestaron juntos, aunque bajo banderas distintas.

En 2014, la feroz contienda electoral, en la segunda vuelta de las elecciones, entre la coalición de centro-izquierda de Dilma Roussef y la coalición de centro-derecha liderada por Aecio Neves, dividió a la sociedad brasileña así como a los grupos de ingresos medios. El gráfico inferior muestra la distribución de las preferencias de los votantes según sus ingresos. Las preferencias de los votantes de ingresos medios bajos se dividen a partes iguales entre los dos candidatos - 22% para Roussef y 21% para Neves -, mientras que Neves sacó cinco puntos de ventaja entre los votantes de ingresos medios altos.

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Fuente: DATAFOLHA, sondeo de opinión antes de la segunda votación.

La polarización política se mantuvo alta después de las elecciones, trazando una nítida línea divisoria entre las élites políticas y los sectores movilizados de la sociedad brasileña, en los que dominaban los grupos de ingresos medios. Dilma Roussef fue incapaz de traducir su victoria en activos políticos suficientes para sostener un gobierno estable y funcional. Su débil apoyo político se secó pronto. Un fuerte movimiento opositor, reforzado por enormes manifestaciones callejeras, contribuyó a crear un ambiente político en el que la idea de la destitución creció rápidamente.

Los movimientos protagonizados por los sectores de ingresos medios fueron fundamentales para dar a la oposición una suerte de legitimidad basada en la "voz de la calle". Los más importantes fueron el Movimiento de Liberación de Brasil, Sal a la calle y Rebeldes en Línea: los tres, grupos liberales de derecha que no sólo se oponen con fuerza a la presidenta Roussef, sino que también rechazan a los partidos y a los políticos, que consideran irremisiblemente corruptos. Sin embargo, el gobierno federal fue también capaz de movilizar apoyos en estos mismos grupos de ingresos medios. La siguiente tabla muestra la distribución de los participantes de distintos niveles de ingresos en las principales manifestaciones callejeras en contra y a favor del gobierno de la presidenta Roussef en la ciudad de São Paulo, escenario de las mayores manifestaciones que han tenido lugar en el país.

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En resumen, los ciudadanos brasileños de ingresos medios han estado aportando “tropas” movilizadas a las batallas en torno a la destitución de la presidenta. Estuvieron presentes en Brasilia, el 17 de abril, ejerciendo presión sobre los representantes que iban a votar el inicio del proceso. Y estuvieron, una vez más, divididos en dos bandos, como muestra la imagen inferior: a la derecha, los manifestantes a favor de la destitución, a la izquierda, los manifestantes progubernamentales, frente al edificio del Congreso, y nadie en el medio.

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Brasilia, 17 de marzo de 2016 (manifestación ante el Congreso brasileño)

Pero estas "tropas" que proporcionan la legitimidad de la calle tanto al proceso de destitución como a la resistencia en su contra, han contribuido también a añadir nuevas cuestiones a la agenda política, dando voz a la aspiración de una política más decente, partidos más representativos, gobiernos más receptivos y servicios públicos básicos de mejor calidad. Es esta, quizás, su contribución más duradera a la vida política brasileña.

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