democraciaAbierta: Opinion

Con Biden/Harris empieza una etapa de esperanza para Latinoamérica

Para EE.UU. la agenda latinoamericana no es prioritaria, pero la llegada de Biden a la Casa Blanca significa un respiro para unas cancillerías exhaustas por la tensión creada por Trump en la región. ¿Qué cambios podemos esperar ahora?

democracia Abierta
13 November 2020
Joe Biden and Kamala Harris
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Creative Commons

Mientras que Donald Trump se enroca ante los resultados del pasado 8 de noviembre en Estados Unidos cuando Biden, al superar los 270 votos necesarios por parte del colegio electoral, se alzó con la victoria, el mundo sigue incrédulo las dificultades de la gran democracia americana en reconocer como presidente electo a quien ganó el voto popular con el 50.8 % y 5 millones más de sufragios sobre su contrincante, que obtuvo el 47.4%.

A pesar de que Trump haya elevado una enmienda a la totalidad del resultado de las elecciones, alegando fraude masivo, ha sido incapaz de presentar alguna evidencia, y Biden será el presidente número 46 de la república estadounidense. Después de 4 años de trumpismo, que ha generado turbulencias en todo el mundo, América Latina y el Caribe se preguntan qué puede significar la llegada de un demócrata como Joe Biden al poder.

Uno de los grandes retos del nuevo presidente será lograr superar las grandes divisiones en el país del norte en temas como la crisis climática, los migrantes, el racismo y la inequidad, acentuada dramáticamente por un sistema de salud profundamente injusto y discriminatorio. Biden, un católico moderado, ha puesto entre sus ejes prioritarios la compasión y la empatía, valores que su antecesor desprecia.

Su fórmula vicepresidencial, Kamala Harris, también es un símbolo cultural que va a tener un papel importante para las minorías y los latinos, no solo por ser la primera mujer en el cargo, hija de inmigrantes indios y jamaicanos, sino también porque el padre de su hija es, él mismo, un migrante afrodescendiente estadounidense.

Así, el mensaje de ambos es importante para las poblaciones históricamente discriminadas en el continente. Durante el gobierno de Donald Trump, algunas minorías, como los musulmanes o los mexicanos, fueron víctima de señalamientos e insultos, y los negros siguieron siendo víctimas de un racismo sistémico, amparado desde la Casa Blanca. La nueva administración llega con la esperanza de atenuar la exposición a la violencia, simbólica y física, de una parte importante de la población estadounidense, que la ha visto normalizarse en Estados Unidos.

Migrantes en México.
Migrantes en México. | Shutterstock

Trump centró su política frente a Centro y Suramérica en evitar la llegada de migrantes latinos a Estados Unidos, hecho que logró en parte con represión y amenazas de sanciones económicas y políticas. En una de sus políticas más crueles y controvertidas, Trump autorizó a las autoridades de migración separar a las familias migrantes de sus hijos a su llegada a la frontera, deportando a los padres y encerrando a los menores, lo que significó que ahora no se pueda encontrar a los padres de 545 niños, según consta en diversos documentos judiciales y denuncian múltiples ONGs y el propio partido demócrata.

Biden, que ha prometido revisar inmediatamente esa política, va a poner sobre la mesa de la agenda de discusión multilateral temas que Trump había dejado de lado, como los derechos humanos. Para mandatarios como López Obrador en México, esta nueva prioridad puede resultar incómoda, ya que prefieren que se traten como asuntos domésticos. Otro gran tema para el nuevo presidente es poner el acento en la crisis climática. Para ello, entre otras cosas, es urgente frenar la deforestación del Amazonas, hecho que Jair Bolsonaro ha tachado como "amenazas cobardes".

Ni López Obrador en México ni Bolsonaro en Brasil, dos gobernantes populistas de distinto signo que mostraron gran proximidad con Trump, han reconocido la victoria de Biden, y van a tener una posición de salida incómoda para reorientar su relación con la nueva administración estadounidense.

Presumiblemente, México ha decidido esperar y ver si Trump, de alguna manera, conserva el cargo. López Obrador, que se identificó con el enfoque descaradamente populista de su homólogo del norte. Él mismo impugnó por fraude electoral las presidenciales mexicanas de 2006, por lo que simpatiza con la causa de Trump. Su visita de Estado a Washington el pasado mes de julio pareció un claro respaldo a la candidatura de Trump.

Bolsonaro
Xinhua/Ernesto Rodrigues/AGENCIA ESTADO

El caso de Bolsonaro es diferente. El líder brasileño de extrema derecha se inspiró continuamente en Trump y se sintió secundado por sus agresiones al medio ambiente en el Amazonas, entre muchas otras cuestiones. También compartió con Trump y con López Obrador un catastrófico enfoque negacionista y minimizador de la pandemia de la Covid-19 y abrazó su retórica ultra nacionalista e incendiaria. Ahora, frente a Biden, estará más solo que nunca, mientras la región parece desplazarse hacia la izquierda, con recientes victorias electorales en Argentina y Bolivia.

Es probable que la nueva administración Biden mantenga algunas políticas heredadas, como la fuerte alianza militar con Brasil, aspecto que comparte con Colombia, y tal vez quiera dar seguimiento a la iniciativa America Crece, una estrategia para contrarrestar los importantes logros geopolíticos de China en la región. Es probable que sea ese combate por la hegemonía en la región el que incentive a EE.UU. a volver a Latinoamérica.

El capítulo de Venezuela seguirá siendo un gran desafío, pero muy probablemente los diplomáticos demócratas no sigan el enfoque de línea dura y fuertes sanciones económicas que bloquean cualquier esperanza de una solución negociada.

Pero Biden, que fue un factor clave en el pivote de Obama hacia Asia, seguirá fiel a ese enfoque y no jugará mucho en América Latina, excepto, quizás, en cuestiones ambientales.

El nuevo presidente regresará al Acuerdo de París, del cual Estados Unidos se retiró efectivamente hace cuatro meses, volviendo al trabajo hercúleo de frenar el cambio climático.

Deforestación en Brasil
Deforestación en Brasil, monitoreo hecho el 9 de julio de 2020.C | Foto: Christian Braga/ Greenpeace.

En este sentido, su administración tiene pensado crear un fondo internacional de $20.000 millones de dólares para frenar la deforestación de la Amazonia. Sólo eso ya será una bendición en una región golpeada por la crisis climática, el colapso económico impulsado por la Covid-19 y el fuerte aumento de la pobreza y la desigualdad que aumentarán la inestabilidad y el descontento social en la región en los próximos años.

Para Biden y su equipo de asesores políticos, que incluye inmigrantes latinos, es crucial adoptar un enfoque más amplio sobre el problema de la inmigración, abordar las problemáticas de pobreza y violencia e impulsar la lucha contra la corrupción en la parte sur del continente.

Como punta de lanza para la región Biden propuso un paquete de ayuda de 4000 millones de dólares para Centroamérica con el objetivo de atender algunas de las causas de la migración

En su libro "Una Casa Blanca", Biden afirma que durante mucho tiempo Estados Unidos ha sido visto en la región como un "matón que le impone sus políticas a los países más pequeños". Él cree que el país debe funcionar con base en la equidad y respeto con los demás países, visión que favorece a países como Colombia, Argentina y Ecuador.

Otro punto importante de su agenda es revivir la campaña anticorrupción que se estancó en los últimos años. Para Biden, además, es clave proteger a los migrantes venezolanos y ha afirmado que les dará el Estatuto de Protección Temporal (TPS) a los que estén en EE.UU., incrementará el apoyo humanitario a los millones de venezolanos que han huido del país y tratará de que el régimen bolivariano acepte ayuda humanitaria.

Los demócratas están muy preocupados por el fracaso de la implementación del Acuerdo de Paz en Colombia y el rebrote de la violencia, aunque Biden ha manifestado que no interferirá en ese asunto interno. En cuanto a su política hacia Cuba, esta estará guiada por dos principios: primero, eliminar los límites sobre remesas y viajes desde Cuba a Estados Unidos y viceversa y, segundo, fortalecer y apoyar al pueblo cubano y no al régimen.

Así las cosas, el presidente entrante se enfrenta a una región dividida, convulsa política y democráticamente, con una crisis económica en ciernes, en la que tendrá que recomponer sus alianzas y convencer a los dos presidentes de países clave como México y Brasil que abandonen sus políticas populistas.

No cabe duda que la llegada de Biden a la Casa Blanca significa un respiro para las cancillerías latinoamericanas, exhaustas por la tensión continua creada por Trump en la región y en el mundo. El regreso a la normalidad no es ninguna panacea, puesto que para EE.UU. la agenda política y económica en Latinoamérica no es prioritaria, pero con Biden/Harris empieza una nueva etapa de esperanza, tras el oscuro túnel que atravesó con Trump.

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