democraciaAbierta

Tema 2: Contexto político nacional y limitaciones del poder local

Political innovation, context and leadership: A view from local power

DemocraciaAbierta Avina
30 August 2017

En el marco de la cumbre de "Ciudades sin miedo" de este año, Fundación Avina y Democracia Abierta establecieron una colaboración especial para explorar algunas de las experiencias políticas más interesantes surgidas en América Latina.

La conversación con líderes relevantes en este ámbito, directamente implicados en la acción de innovación política a nivel local, nos ha proporcionado la ocasión para buscar respuestas a cuatro grandes cuestiones que afectan, de manera desigual pero transversal, a todos los proyectos: a) Visión de la innovación; b) contexto político nacional y limitaciones del poder local; c) Influencia del contexto político internacional, y d) La cuestión del liderazgo.

En esta página, los innovadores comparten su respuesta al segundo de estos temas:

TEMA 2: La dinámica nacional influye directamente en los procesos de la acción política local. La política nacional marca la agenda y, para que la democracia avance, ayuda que el poder local alcance cierta sintonía con el poder regional/provincial/estatal, incluido el poder estrictamente nacional. Esto es importante sobre todo a la hora de trabajar para democratizar el poder, distribuirlo, acercarlo a la gente. Hay aquí tensiones sobre el concepto estratégico de qué significa innovar y aumentar los niveles de democratización, no sólo a través de la descentralización.

A la luz de la agenda y el calendario político nacional, ¿cómo ve la situación en su país? ¿Se observan bloqueos o, por el contrario, se anticipan ventanas de oportunidad?

Ejercer el poder local es también, además, una manera de incidir en los otros niveles de la gobernanza.  ¿Cuáles son las limitaciones del poder local y cuáles la oportunidades? ¿Cuáles son las diferentes fuerzas que juegan en la distribución real del poder? ¿Cómo se relacionan?

Javier Arteaga Romero, Nariño (Colombia)  

Desde el punto de vista de la política nacional (y también local), al estar haciendo cosas nuevas desde el poder regional, cosas que históricamente no se hicieron nunca antes, encontramos que nuestras propuestas no son fáciles de entender.

Voy a poner dos ejemplos, que son complejos, pero muy ilustrativos de esa dificultad. El primer ejemplo es nuestro programa Cátedra Futuro, que representa nuestra innovación en el ámbito educativo. Lo que busca el programa es que los niños aprendan, que adquieran el conocimiento en sus casas y que vayan a hacer los proyectos al colegio - es decir, invertir completamente el proceso educativo. Pero la política nacional, lo que dice es que vamos a ampliar  la jornada única - es decir, que vamos a tener a los niños más tiempo en las aulas. Entonces, se plantea la contradicción que implica que un proyecto que necesitamos que se financie - con siete millones de dólares de regalías - con recursos procedentes de una política nacional que precisa que los proyectos de aprueben a nivel nacional, y que tengan el aval del Ministerio, choca de frente con la política nacional actual. Son dos propuestas completamente distintas.

Nosotros defendemos que estamos en un proyecto de innovación educativa y el Ministerio piensa en otra cosa distinta, como es generar nuevas contrataciones de comedores, o bien invertir en infraestructura, con todo el sistema de corrupción que implican esas inversiones. Lo último que les importa son los niños - es decir, el sistema de educación. Y nosotros, como ponemos en el centro de  nuestra política a los niños, creemos que de lo que se trata es que aprendan. Y es aquí donde se sitúa el problema de fondo entre nuestra política y la política nacional. 

El otro ejemplo es nuestro programa Acciones de Paz. Nosotros decimos que necesitamos que la ciudadanía se empodere, que mapee los espacios públicos en desuso y que decida ella en cuáles van a colocar a los inmobiliarios. Pero a nivel nacional, la política te dice que es imposible que le aprobemos un solo peso del erario público, sino tenemos  previamente identificado quién es el dueño del espacio, y qué población exactamente se va a beneficiar. Pero si, de acuerdo con nuestra política de empoderamiento, ¡todavía no sabemos cuál es ese espacio! La ciudadanía tiene que mapear el territorio, antes de decidir... Pero ellos dicen que no se puede, y no se puede. Esto ha frenado nuestra política. Invertimos cerca de nueve meses en los proyectos, pero luego se paraliza todo por esa visión distinta de la política, que impide la innovación.

En cuanto a las limitaciones del poder local, es una cuestión que precisamente tenemos planteada en el departamento de Nariño. Tenemos, por ejemplo, nuestra política de Gobierno Abierto, impulsada a nivel regional - o sea, a nivel de la gobernación -, pero no hemos conseguido que ningún municipio la implemente. Hay algunos municipios, muy cercanos a nuestro gobierno, y sin embargo ni siquiera ellos son capaces de llevarlo adelante.

A nivel nacional, nuestra táctica ha sido distinta. Nos preguntamos cómo podemos generar política pública a nivel nacional con lo que estamos haciendo nosotros. Pero es difícil. El gobierno nacional, por ejemplo, tiene una iniciativa que se llama IGA --Índice de Gobierno Abierto. Pero con lo que mide con ese índice, no conseguimos ni un solo punto para nuestra política de Gobierno Abierto. Es decir, según la política nacional, nosotros podemos quedar en última posición en el Índice del Gobierno Abierto a pesar de todo lo que estamos haciendo en este ámbito. Al final, hemos logrado ejercer mucha presión a través de los medios de comunicación para que se actualice el IGA y conseguir que se obligue, a nivel micro, a los mil ciento y pico municipios de Colombia a adaptar ese Índice de Gobierno Abierto. No se trata de que eliminen todo lo que están midiendo, sino que incorporen también las cosas que estamos haciendo en Nariño. Al final hemos avanzado bastante y ahora existe un compromiso entre USAID y la Procuraduría, que es la que realiza las mediciones, para aplicar una agenda que incorpora hasta seis actores.

Si lo conseguimos, sería algo grandioso: hacer que la Procuraduría cambie toda la política nacional de medición de un índice que importa mucho a cada municipio y a cada gobernación, adaptando el modelo en función de lo que hemos hecho nosotros en Nariño. Sentaría un precedente importante al demostrar que es posible incorporar una innovación de origen territorial a la política nacional.

Esto, a nivel macro. Pero también a nivel micro, contando con herramientas como la del Índice de Gobierno Abierto, hay cosas que estamos creando para sensibilizar a otros municipios y que decidan incorporarse. Nuestro trabajo, por ejemplo, en el municipio de  Santander de Quilichao, en el Cauca, consiguió que el alcalde y su gabinete lanzaran un portal de gobierno abierto. Será el primer municipio del país que incorpore el nuevo sistema de Gobierno Abierto. Tenemos Nariño, a nivel gobernación, y tenemos ese primer municipio en el país. Estamos trabajando en dos direcciones: hacia arriba, cambiando la política nacional, y hacia abajo, incorporando a los municipios.

 

Áurea Carolina de Freitas e Silva, PSOL, Belo Horizonte (Brasil)

La política global de dependencia, de dominación, se halla también en nuestras prácticas más pequeñas, en la colonización mental. Los valores que tenemos son reflejo de un sistema mucho más grande, que existe porque se basa en la conducta de las personas. No estoy diciendo que si las personas cambian su conducta, entonces cambie el sistema por completo. Pero es imposible cambiar el sistema si no cambiamos lo que está más cerca, ¿no? Para esto, el municipalismo es la dimensión más ajustada: tiene mucho impacto cambiar desde aquí, desde el barrio, desde un grupo cultural, desde una red de creación de ocupación del espacio público, desde un consejo municipal, desde una escuela, nuestra manera de convivir. Y, a partir de ello, ir ganando escala.

Pero para ganar escala hace falta que, desde el principio, sea algo muy potente, que responda a la convicción de las personas en su propia fortaleza. Hay un marco de compromiso ético, que la política municipalista tiene que poner de relieve. La política nacional no puede cambiar si nosotras no construimos otra idea de liderazgo, de personalidades potentes, de autonomía, de autogestión, de co-responsabilización, sobre todo lo que compartimos como personas. Sin embargo ahora, en Brasil y en muchas otras partes, seguimos teniendo una dificultad inmensa para, mirando a la clase política, ver allí a gente que pueda representar estos anhelos procedentes de los procesos locales en común.

En mi opinión, vamos a vivir todavía una fase muy negativa, en que nuevas prácticas van a ir emergiendo, cierto, pero nacionalmente o transnacionalmente vamos a estar aún muy sometidas a la peor política. Para no desanimarnos, tenemos que crear también nuestras propias redes nacionales y transnacionales. Por eso este encuentro municipalista (Ciudades sin Miedo) es un aire que respiramos juntas: compartimos muchas ideas, nos identificamos las unas con las otras. Pero en las ciudades, nuestras experiencias tampoco son hegemónicas. Nuestras pequeñas experiencias municipalistas son todavía muy puntuales. Yo soy concejala en Belo Horizonte junto con otra compañera, Cida Falabella. Somos dos concejales de un total de 41. Somos una minoría muy pequeñita y no podemos contrarrestar solas tanta fuerza.

A nivel local, el fenómeno del empresario Alexandre Kalil, que ha ganado la alcaldía de Belo Horizonte en las últimas elecciones municipales, es muy preocupante. Las ganó con el lema: “Ya basta de políticos”. ¡Como si él no fuera político! Y sigue repitiendo cada día que él no es un político, y su equipo también. Así generan confusión entre la población. No entre toda la población, obviamente, porque la gente tiene sentido crítico. Pero con ese discurso ha ganado, y eso es lo preocupante.

Y con esa misma idea ganó el alcalde de São Paulo, Joao Doria, que tampoco es político de profesión, sino empresario, y el de Rio de Janeiro, Marcelo Crivella, que es gestor, ingeniero y escritor religioso. Y hay muchos otros así. Tienen un discurso muy peligroso, que está alimentando cada vez más la idea de que la política no sirve para nada, de que la política es mala, es corrupta, que es una cosa de la que tenemos que alejarnos, y mucha gente los sigue. Desgraciadamente.

En nuestra campaña, tratamos de decir a la gente: oye, la política es buena, se puede hacer de otra manera. La política es algo que nos va a emancipar a todas, es una aventura de descubrimiento de quiénes somos en este mundo. Les decimos que lo mejor que tenemos sale de nuestra generosidad humana, hacia todo y todos. Pero, bueno, es difícil de hacer llegar este discurso, porque la gente, dice: “ah, sí, claro, claro”, pero no se lo acaba de creer. Aunque otras veces nos dicen: sí, esto es lo que andábamos necesitando para poder creer que todavía tiene sentido apostar por la política. 

 

Caio Tendolini, UPDATE POLITICS, Sao Paulo (Brasil)

Frente al contexto político nacional, yo creo que trabajar a nivel local es una cuestión estratégica. Porque el territorio es fundamental. Para mí, cuando estamos hablando de lo local, estamos hablando de territorio, aunque el territorio no equivale necesariamente a las ciudades. Pero es ahí, en las ciudades, donde los territorios se hacen más presentes en la vida política.

Yo creo que la estrategia de hablar de territorio, y de actuar en el territorio, tiene que ver con una cuestión transcendental que estamos viviendo, y que es una cuestión de confianza en la política. La política se tiene que hacer de cerca porque cuanto más sales del territorio, más abstracta se hace la política y más difícil se vuelve de ver, de fiscalizar, y más difícil es acceder a ella.

Frente a lo nacional, yo creo que el nivel local vive ahora una dinámica de afirmación de sí mismo. Es importante preguntarnos si entendemos el municipalismo, y la actuación política local, como un camino para una disputa política más grande, o no. Si lo entendemos como una ruptura con la estructura que genera presión desde arriba, desde lo nacional. Yo no tengo una respuesta para esto, pero sí me parece que, independientemente de la respuesta, hoy tenemos la capacidad de actuar localmente. Si llevamos una disputa a nivel nacional, o a nivel estatal, se convierte en mucho más difícil. Todo es mucho más caro, y es más difícil conectarse con la gente. Es menos tangible.

En cuanto al poder local, a pesar de sus limitaciones evidentes, yo creo que es estratégico empezar por las ciudades y ver si eso se conecta, o cómo se conecta, con lo nacional. Al mismo tiempo, el reto me parece que es que, aunque estemos actuando en la ciudad, la tendencia sitúa el debate político siempre mucho más arriba, a nivel estatal y federal. Entonces, uno de los retos que tenemos, por ejemplo en la construcción de candidaturas como la de la Bancada Activista, es conjuntar una conexión muy real con el territorio, pero con un alcance muy grande en todo el país.

La situación política en Brasil nos convoca a todos a actuar, a ver qué podemos hacer. Pero eso me parece un poco una trampa, porque no creo que hoy tengamos la capacidad, como colectivo, de impactar realmente en la política brasileña a nivel nacional. En la política municipal en Sao Paulo, sí. Pero en la política brasileña nacional, yo creo que no, y en la la del estado de Sao Paulo, tampoco. No tenemos músculo para eso todavía. Sin embargo, al mismo tiempo, no podemos permanecer ajenos a lo que está pasando en nuestro país. Hay elecciones el próximo año, todo el mundo, individualmente, se siente llamado a hacer algo, a fortalecer algo, a poner a más gente buena a hacer experimentaciones.

Yo creo que ahí, considerando las limitaciones del poder local, hay un conflicto. Tampoco sé cómo resolverlo y no tenemos respuesta en Bancada Activista, pero sí me parece que es muy estratégico trabajar en el territorio, porque uno que tiene que rescatar la confianza de la gente. Hay un debate más amplio, incluso a nivel internacional, que tienen que ver con el discurso y la narrativa de la anti-política, que anda ganando terreno. El discurso que utiliza desde alcalde de São Paulo al propio Trump, que dice: “yo no soy político”. 

 

Sâmia Bonfim, BANCADA ACTIVISTA, Sao Paulo (Brasil)

Existe una tensión entre el ámbito de la ciudad y el ámbito nacional. São Paulo es una ciudad muy grande, con 12 millones de habitantes y muy extensa. Es mucho más grande y poblada que muchos países en el mundo. Esta dimensión la hace poderosa también a nivel político nacional.

Yo suelo decir que São Paulo son muchas ciudades dentro de una sola. Y muy desiguales. Hay barrios muy elitizados, muy ricos, con una vida cultural, incluso con una vida política muy fuerte, pero también hay barrios completamente deficitarios, en los que la vivienda es muy precaria, la gente no tiene acceso a la salud, a la educación, a casi nada. Eso hace que, dentro de la misma ciudad, las formas de organización y participación social sean muy distintas.

En el barrio donde yo vivo, que es un barrio central, Pinheiros, incluso algo elitizado, hay espacios de organización: muchas ONG, muchos colectivos, plazas y lugares en los que la gente se reúne. Pero si vas a un barrio más periférico, a veces el único contacto con otras personas se produce en las iglesias. Y cuando existe un centro cultural municipal, suele ser muy precario y dura poco. En ese sentido, creo que las cuestiones locales son, muchas veces, más difíciles de afrontar que algunas cuestiones nacionales, porque existe una desigualdad muy grande. No hay algo que unifique un discurso de ciudad, porque la ciudad y su gente están muy fragmentadas. La narrativa de la ciudad depende de la especificidad de cada barrio, mientras que la narrativa de lo nacional es unitaria.

En este contexto, impulsar movimientos y organización política es muy difícil. Y al ser São Paulo una ciudad tan grande – es la mayor economía del país –,  los temas nacionales tienen una gran incidencia. Los principales cuadros políticos nacionales son originarios de São Paulo. Lo que sucede en São Paulo tiene consecuencias en todo Brasil. Fue así con las protestas de junio de 2013, por ejemplo. Aunque ya se habían dado en una ciudad del sur - en Porto Alegre, que es una ciudad pequeña -, cuando llegó a São Paulo adquirió dimensión nacional. Y la política brasileña ha girado desde entonces en torno a las contradicciones y debates que afloraron entonces, llevadas al espacio público: primero fue la izquierda, que se echó a la calle, y luego la derecha, que también.

Nosotros nacimos de la falta de alternativas. Todo comenzó a partir de ese proceso. Y creo que es importante hacer florecer las pautas locales, porque dialogan necesariamente con las nacionales. Ahora, por ejemplo, desde mi mandato en el ayuntamiento, entiendo mucho mejor el funcionamiento de los movimientos culturales. La cultura en São Paulo se piensa a través de muchos proyectos en las zonas periféricas, son proyectos territoriales - de formación musical, de formación artística, de teatro - que acaban convirtiéndose en movimientos políticos.

Recientemente, ha habido fuertes recortes financieros, una congelación de casi el 50% del presupuesto para la cultura. Y esos movimientos que la gente no conocía están ocupando las calles del centro para reclamarle al alcalde, para reivindicar ante el consejo municipal - y creo que ahí hay un canal. Hubo recortes en Sao Paulo, porque a nivel nacional también se está recortando el presupuesto. El presidente Temer está reteniendo el dinero, luego los alcaldes hacen lo mismo y los territorios se movilizan por ello. Creo que deberíamos entender de qué modo esas cuestiones generales acaban teniendo reflejo en los territorios, porque ellos son los más deficitarios de políticas públicas, de financiamiento del Estado.

En el caso de São Paulo, el consejo municipal es muy grande: tiene 55 concejales, y su contacto con el nivel nacional es permanente. Es el consejo municipal más grande de Brasil - una de las más grandes de América Latina, tal vez la más grande – y, en consecuencia, lo que sucede allí tiene mucha visibilidad. Además, nuestro alcalde es ya candidato a la presidencia el año que viene y usa São Paulo como laboratorio político para su programa electoral de 2018.

Yo pertenezco a la oposición, pero soy consciente de que lo que hago acaba teniendo una repercusión, una visibilidad mucho más amplia, porque los ojos en todo el país están muy orientados hacia São Paulo. São Paulo determina la moda y determina también la política en Brasil. Los medios, por su parte, cubren mucho lo que sucede en São Paulo. Y eso también acaba estimulando a otras localidades: mucha gente de estados del norte, o del noreste – lugares a donde yo nunca he ido – acaban entrando en contacto con nosotros porque les gusta mi mandato, porque les parece interesante tener a alguien combativo en el ayuntamiento más grande del país.

Algunos sugieren la posibilidad de presentarme como candidata a diputada nacional, porque de esa manera mi mandato, de alguna manera, también les afectaría. Mientras esté solo en São Paulo, esas personas ven el potencial de lo que hacemos, pero no les afecta en sus políticas locales. Por ejemplo, el mandato de Áurea Carolina, en Belo Horizonte, tiene una historia muy interesante, es súper democrático, abierto, horizontal, pero acaba teniendo menos visibilidad que el nuestro, porque ella está en Belo Horizonte y no en São Paulo. Por más que tenga experiencias muy interesantes, mucho más que las mías inclusive, estando en Belo Horizonte no tienen tanta visibilidad. 

 

Susana Ochoa, Wikipolítica, Jalisco (México)

Hay una manera de ver lo local que favorece incluso la manera cómo se ve el poder nacional. Voy a poner un ejemplo. Un día, un académico de Guadalajara estaba presentando un proyecto de sociedad civil, y nos ponía una foto de un monstruo muy grande. Decía que así eran los problemas que tiene nuestro país. Y entonces empezó a acercar la imagen, y la imagen empezó a pixelarse, y el monstruo ya no parecía tan amenazante, porque ya le podías ver sus defectos. Yo pienso que es así como tenemos que analizar el tema de poder.

Yo creo que no hay que eliminar el poder, puesto que el poder es lo que te permite hacer cosas. Pero sí creo que tenemos que repensar cómo lo descentralizamos. Eso tiene que ver con prácticas como, por ejemplo, lo que lleva haciendo Pedro Kumamoto. Siendo una figura tan visible, siendo un líder moral incluso ya a nivel nacional, su primer contrapeso lo tiene en su oficina. Creo que muchos políticos se rodean de gente que constantemente les anda diciendo que todo está bien y que ellos son lo máximo, y así es muy fácil que esta clase política pierda el piso. Se trata de ver de qué manera descentralizas el poder, y eso tiene que ver en cómo generar pesos y contrapesos dentro de una organización.

Ya a nivel nacional, a nivel de país, es más complicado. Pero si lo piensas dentro de tu organización, dentro de tu propio equipo de trabajo, puedes ir extrapolándolo.

En cualquier caso, se tiene que partir desde lo micro: desde la reflexión personal que hace cada persona que está en el poder, de por qué quiere hacer cosas, de qué forma va generando más institución. Creo que eso es importante. Nosotros creemos que la apuesta tiene que ser ésta: cómo generar institución - y no lo que hicimos cuando comenzamos con Wikipolítica, que era como un grupo de amigos y amigas que tenían cosas en común. Pero nos dimos cuenta que no se puede crear un movimiento político basado en eso, en las amistades recíprocas, emocionales, porque entonces te vuelves un grupo fascista. Tienes que crear reglas claras, transparentes, que te permitan controlar el poder. 

 

Jorge Sharp, Movimiento Valparaíso Ciudadano, Valparaíso (Chile)

Yo creo que es un error pensar que el problema de nuestras ciudades es solo el de otras ciudades, sino que más bien se trata de un problema de carácter nacional, incluso de carácter continental. De manera que no le podemos dar la espalda a las correlaciones de fuerza entre esos niveles políticos y, por tanto, una forma de abordar el problema de lo nacional, una forma de abordar el problema de lo continental, es precisamente la construcción de poder local en un territorio determinado. Esa es una forma de impugnar, de ingresar, de proponer y de influir en estas dinámicas nacionales.

En Chile, eso se expresa de la siguiente manera: el proceso de Valparaíso, nuestro triunfo, ayudó a catalizar lo que hoy día está ocurriendo en la política nacional, que es la constitución de un nuevo campo político llamado Frente Amplio. Entonces, lo nuestro es un proceso político local innovador, con aspectos de continuidad y con aspectos de cambio, que tiene un impacto a nivel nacional. 

 

Caren Tepp, Ciudad Futura, Rosario (Argentina)

La situación en Argentina, a partir del resultado electoral de 2015, nos influye a quienes salimos por primera vez en un balotaje. Al pertenecer orgánicamente al Kirchnerismo, entendíamos que un triunfo de Cambiemos iba a significar un retroceso, no para un gobierno en particular, sino para el conjunto de la sociedad, y sobre todo para los proyectos políticos de transformación. Porque el triunfo de Cambiemos no es aislado, sino que se da también en un contexto regional e internacional.

En este sentido, nosotros no solamente queremos fortalecer los procesos locales en la ciudad de Rosario e intentar ganar y gobernar nuestra ciudad en el año 2019, sino que también asumimos el desafío de dar por primera vez una batalla en el plano nacional, con candidaturas a diputados nacionales. Entendiendo que, para enfrentar este retroceso y las políticas neoliberales, tenemos que salir de la polarización o de “la grieta”, como decimos en Argentina, y poder justamente diversificar las formas de resistencia.

Tenemos el deber y el desafío, no solamente de ir impugnando las medidas y las políticas del gobierno de Mauricio Macri, sino sobre todo ofrecer alternativas. Ante las amenazas de cierres, nosotros trabajamos con la posibilidad de recuperar fábricas y empresas, como sucedió después de 2001. No se trata solamente de que resistamos, sino que podamos avanzar en la autogestión de esos medios de producción por parte de los trabajadores. Nuestra ciudad y nuestra provincia tienen muchísimos casos de empresas exitosas, de cooperativas, de empresas autogestionadas, como La Cabaña o Mil Hojas, que han encontrado, precisamente en momentos de crisis, la posibilidad de avanzar y de mejorar incluso sus condiciones. Y esa es, creo, una perspectiva distinta que podemos ofrecer nosotros.

A través de nuestra campaña a nivel nacional, queremos también poner en la agenda el tema de los gobiernos locales y de las ciudades. Estamos llevando propuestas a nivel nacional para reivindicar los gobiernos locales como política de proximidad, como posibilidad de que el poder se distribuya, que el poder pueda también construirse de abajo arriba. Estamos convencidas de que uno de los principales aprendizajes de los últimos años en América Latina y de los distintos gobiernos progresistas, con sus distintos sesgos, de la región es que lo que se construye desde arriba se tumba desde arriba y, por lo tanto, tenemos que pensar en la posibilidad de un nuevo horizonte de inclusión en el que, en los próximos años, la práctica política piense de otra manera el poder: de abajo arriba. Durante el recorrido por la provincia que venimos haciendo en campaña, mostramos la idea de Ciudad Futura y su posibilidad de expandirse en todo el territorio provincial. Queremos cambiar la forma de construcción política para que cada territorio se empodere, para que cada territorio, de manera autónoma y genuina, se empiece a organizar. Porque quizás la herramienta provincial o nacional es lo que puede hacer frente al neoliberalismo - la confluencia de distintas experiencias de cambio de raíz territorial.

Nos gusta mucho aquella frase que dice, precisamente, que no se trata de cambiar un poder por otro, sino construir un poder distinto. En ese sentido, es importante que cada territorio se gobierne, que cada uno mande en su territorio - así mandamos todos y todas. Y eso es algo que está ausente de la agenda nacional. A pesar de cómo se ha hecho evidente que, cada vez más, los territorios tenemos problemáticas propias que enfrentar y mayores desafíos, aún está faltando este cambio de paradigma que nos lleve jerarquizar de otro modo y a pensar que la verdadera política, el verdadero poder transformador, está cerca del territorio. En eso, como es lógico, los gobiernos locales y los municipios tienen mucho para aportar, mucho más que las grandes herramientas a nivel nacional.

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