Los videojuegos son una parte central de la infancia. Antes, el juego se limitaba a quienes estaban en la misma habitación, ahora niños y niñas interactúan con jugadores desconocidos a través de auriculares o chats en vivo.
A medida que el juego pasó de actividad aislada a espacio de socialización global, aparecieron nuevas oportunidades para el abuso. Así, los videojuegos en línea son, cada vez más, el portal hacia delitos de abuso o explotación sexual infantil.
Si el videojuego es el portal, las plataformas de redes sociales o mensajería pasan a ser el escenario o el vehículo de estos delitos.