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Pedir el consentimiento es tan simple como ofrecer una taza de té

Los pueblos indígenas deben tener el control de sus territorios y deben poder decidir sobre los proyectos que tienen lugar en estos territorios: de manera previa, libre e informada. Son ellos quienes lideran el movimiento de protección de la naturaleza.

Fiore Longo
25 June 2019
Foto: Forest Peoples Programme.

Un video hecho en 2015 pero que todavía se viraliza en las redes dice que para comprender el concepto de consentimiento en las relaciones sexuales basta pensar en una taza de té. Entonces, si se le pregunta a alguien “ey, ¿quieres una taza de té?” y te responde “mmm, no sé, no estoy segur@”, puedes prepararle esa taza de té pero, dice el narrador del video, “hay que tener en cuenta que el otro puede no tomárselo”. Si no lo bebe ¡entonces no lo obligues a hacerlo! Y si, en cambio, responde "no, gracias", ¡no prepares ese té!

Las mujeres conocemos bien qué quieren decir. Sabemos lo difícil que es imponerse en muchas circunstancias y dejar en claro que no, es no. ¿Cuántas veces nos han dicho, para seguir con el ejemplo del video, "¿estás realmente segura de que no quieres el té?", “vamos, sabes que realmente lo quieres". O "¡me hiciste hacer té, ahora tómatelo, si no lo bebes me vas a lastimar!"

Como mujer, entonces, más que como antropóloga, puedo entender por ejemplo al pueblo baka en el Messok Dja, ubicado en el norte del Congo. Una población de cazadores recolectores que viven en la segunda selva tropical más grande del mundo. Mi trabajo como investigadora en Survival International, el movimiento global por los pueblos indígenas, me llevó a ese bosque para saber más sobre la creación de una nueva área protegida con el apoyo de WWF. El parque oficialmente aún no había sido creado pero una vez que llegué la realidad me mostró algo diferente.

Los guardaparques han estado operando en el área desde hace unos 10 años. Han golpeado, torturado y encarcelado a los bakas que quieren ingresar al bosque para recolectar fruta o cazar para alimentar a sus familias. WWF se comprometió a crear esta área desde hace mucho tiempo. Los acuerdos con el Gobierno ya están en vigor, y algunos donantes grandes han estado proporcionando fondos para el proyecto, como la Comisión Europea y los EE. UU. a través del Servicio de Pesca y Vida Silvestre (USFWS).

Como se ve, otra vez, dar el consentimiento significa tener derecho a decir "no".

En resumen, la taza de té ya ha sido preparada. Mientras tanto, las grandes restricciones en el acceso al bosque han contribuido a generar sed en los bakas, para hacer más difícil rechazar la invitación a beber. Durante mi primera visita, un baka me dijo: "No pidieron nuestra opinión. Nos dieron una orden. Nos dijeron: ‘este es el parque y ya no puedes entrar’. Ya no es nuestro bosque. Lo tomaron por la fuerza y ​​ya no se nos permite entrar ”.

Solo después de “servir el té en la mesa” y tras una campaña internacional llevada a cabo por Survival International en octubre de 2018, WWF decidió pedirle a los bakas su opinión sobre el proyecto y organizar lo que ellos llaman un "proceso de consentimiento libre, previo e informado” (CLPI, en castellano). Pero ese consentimiento nunca pudo haber sido previo porque la taza de té ya había sido servida. ¿Será el pueblo baka libre ahora, al menos, de decidir si se niega o no?

Para los bakas, WWF y los guardaparques son lo mismo. Los nativos llaman a los guardabosques “dobidobi” ("doble v doble v" por la pronunciación de las siglas en inglés de WWF). Llegan a patrullar las aldeas en un jeep 4X4 con el logotipo del panda, y su oficina también está marcada como WWF. Los guardabosques acusan injustamente a los bakas de ser cazadores furtivos: no proporcionan evidencia ni la presentan ante los jueces. En muchos casos, según testimonios de los bakas, los golpearon en el suelo y les pegaron con cinturones. Quemaron sus casas, sus ropas, sus utensilios de trabajo: "Los bakas no somos considerados, nos tratan como animales", me han dicho.

Los primeros en hablar con los bakas del nuevo parque fueron precisamente estos guardaparques. ¿Cómo pueden terceras personas, siempre pagadas por WWF, ir a preguntar a los bakas qué piensan del proyecto después de haberlos aterrado durante años? ¿Están los bakas realmente en condiciones de decir que no? Si un hombre que te maltrató y te sometió una vez y luego te pide amablemente que tengas relaciones sexuales con él, ¿no te sentirías amenazada y asustada? ¿Te sentirías completamente libre de rechazar?

Como se ve, otra vez, dar el consentimiento significa tener derecho a decir "no".

En una noticia reciente sobre el proceso de consentimiento previo, libre e informado que WWF dice que está llevando a cabo en el Messok Dja, leemos: "Las comunidades locales e indígenas han acogido con gran satisfacción el enfoque utilizado para consultarlos antes de la creación del área protegida”. También dice que "mostraron entusiasmo real en continuar el proceso hasta las consultas formales, cuando tendrán la oportunidad de expresar sus opiniones a los encargados de tomar decisiones y a los administradores de los recursos naturales".

Debemos luchar juntos para obligar a WWF a respetar los derechos humanos y, al hacerlo, marcar un punto de inflexión en la oscura historia de la conservación

Pero pedirle a alguien que exprese su opinión sin luego escuchar su respuesta -porque no es él quien decide- no significa pedir consentimiento. Eso es una consulta simple.

Preparar té y luego preguntarle a una persona si quiere o no beberlo, no significa tener el derecho de obligarlo a beberlo aunque haya dicho que no.

Si el rechazo te hace enojar, tal vez signifique que debías preguntarle a esa persona si quería tomar el té antes de prepararlo en lugar de decidir unilateralmente qué era lo mejor, y desde lejos, entre las cuatro paredes de una oficina europea.

¿Cuántas mujeres fueron acosadas porque, para los hombres en cuestión, habían dado “señales” o porque habrían dicho "no” porque en realidad querían decir “sí"? La mayoría de los conservacionistas creen que saben mejor que los pueblos indígenas cómo proteger la naturaleza y qué es lo mejor para ellos. Y esto a pesar de las pruebas irrefutables que demuestran que los pueblos indígenas son los mejores guardianes de la naturaleza, mientras que nuestra sociedad industrializada ha demostrado que solo sabe cómo contaminar y destruir.

No debemos, y no podemos, permitir que la organización de conservación más grande del mundo y las instituciones que la financian violen -literalmente- las normas nacionales e internacionales de esta manera.

Si la Comisión Europea adoptara el mismo concepto de consenso para las relaciones de género como lo hace en los proyectos de conservación que financia, ninguno de nosotros se sentiría cómodo. ¡Incluso ya no le permitiríamos que continúe haciendo té y obligando a otros a beberlo con nuestro dinero!

Debemos luchar juntos para obligar a WWF a respetar los derechos humanos y, al hacerlo, marcar un punto de inflexión en la oscura historia de la conservación. Y también en la historia del consentimiento.

Los pueblos indígenas deben tener el control de sus territorios y deben poder decidir sobre los proyectos que tienen lugar en estos territorios: de manera previa, libre e informada. Son ellos quienes lideran el movimiento de protección de la naturaleza. Porque, si realmente quieres, pedir un consentimiento es tan simple como ofrecer una taza de té.

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